¿Exitoso balance?
Pedro Medellín Torres. Columnista de EL TIEMPO.
Un gobierno que decidió no hacer 'megaobras' para orientar sus esfuerzos a mejorar la vida de los más pobres no puede reclamar como exitosa su política social cuando no logra 100 por ciento de cobertura en vacunación de menores de 5 años, o no puede garantizar la atención en salud a más de 200.000 familias sin capacidad de pago. ¿Cuántos beneficiarios de 'Bogotá sin hambre' estarán hoy en condiciones de salir del programa para autosostenerse?
El gobierno Garzón no solo significó un frenazo de quince años de gobiernos empeñados en lograr una ciudad más fértil para enfrentar la globalización. También sacrificó las joyas de la corona:
1) Dejó caer el TransMilenio, que había llegado a ser el símbolo de la modernización de la ciudad. 2) Agrietó la cultura tributaria, que era ejemplo de la disposición ciudadana a pagar impuestos. 3) Desmontó la profesionalización de la administración distrital, que durante años mantuvo a raya el clientelismo y aseguró la continuidad de los funcionarios y las políticas.
Hace cuatro años nadie habría pensado que, ante el desorden de los horarios y las frecuencias, cerca de 300.000 usuarios se bajarían del TransMilenio para buscar alternativas que los llevaran más rápido a sus casas o trabajos. Tampoco que el Contralor anunciara que no pagará un impuesto por los problemas de la actualización catastral, o que los ciudadanos llamaran a la resistencia civil por los cobros desproporcionados de valorización. Y menos que el amiguismo volviera por sus fueros en la administración distrital.
Es el legado precario de un gobierno que estuvo más preocupado por allanar el camino a la candidatura presidencial del Alcalde y que por eso se abstuvo de tomar decisiones que pudieran poner en riesgo su capital político. No hay otra razón para explicar por qué no pudo meter en cintura a los transportadores para que cumplieran con la ley, o por qué tardó en cobrar la contribución de valorización, descuidó el cobro de la participación en plusvalía, dilató la aprobación de los planes zonales de Usme y el Norte o desistió de exigir un plan de regularización y manejo al aeropuerto.
El nuevo alcalde debería hacer un corte de cuentas claro y de cara al público para que los ciudadanos sepan qué recibe y qué va a entregar. Y, sobre todo, de quién será la responsabilidad de no haber tomado decisiones, cuyos costos seguramente serán visibles mucho después de que se esté disputando la silla presidencial para el 2010.
Pedro Medellín Torres
SALUD
GABRIEL BENAVIDES





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