SOBRE LA EXPERIENCIA DE VENEZUELA
Sin Dogmas ni Teoremas
de Emilio Corbiêre (fragmento)
Guevara no creía que el socialismo, su construcción, fuera un dogma o un teorema. Tampoco una forma de capitalismo de Estado. Por eso reflexionaba diciendo que 'el socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y sufren de la influencia de la sociedad que los creó. La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben.'
Es por eso que pensaba que la lucha contra el dogmatismo y la superficialidad, era una tarea de todo momento en la construcción del socialismo.
En su carta a 'Marcha' de Montevideo, publicada por el semanario el 12 de marzo de 1965, titulada 'El socialismo y el hombre en Cuba', Guevara concluye de la siguiente manera:
'Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres' y agrega después: 'el camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta'.
Las nuevas generaciones
Esta era la moral revolucionaria de la que hablaba el Che, es su gran legado a las nuevas generaciones latinoamericanas. El Che era férreo mojón del hombre nuevo, y así los testimonió con su propia vida, con su propio desinterés, con su abnegación. Como en los casos de John Reed o Norman Bethune, y en el de tantos otros.
Hay muchos temas para recordar en la vida polifacética de ese hombre que murió a los 39 años, cuando todavía se podía esperar lo mejor de su preclara inteligencia. Pero lo que se debe aprender de él, antes que nada, es su mensaje de libertad para los oprimidos, para todos los hombres y mujeres de esta América latina sufriente y para todos los pueblos y naciones oprimidas.
La Tarea Revolucionaria
DE ILDEFONSO FINOL
Hacer la Revolución es una tarea –difícil tarea, recordando a Domingo León- de todos los días. O, para ser más exactos, de todos los minutos. No hay tiempo para el descanso, una batalla sigue a la otra, y la vida es un torbellino de exigencias crecientes y de esfuerzo tras esfuerzo. Construcción heroica, a decir de Mariategui.
Para nosotros no hay derrota. Sólo aprendizaje. Al escoger la militancia revolucionaria como camino de vida, perdemos el derecho al retiro. Porque nunca abandona la lucha del pueblo quien se precie de ser revolucionario de verdad. La perseverancia es condición necesaria –aunque no suficiente- para optar al inmensurable honor de ser revolucionario.
Como aprendices de revolucionarios que somos toda la vida, debemos recordar aquella sabia enseñanza del camarada Lenin, según la cual, "el peor error de un revolucionario es confundir sus deseos con la realidad". Es el vicio del subjetivismo en su máxima expresión. Románticos comos somos, es decir, amantes de lo profundo, lo denso y lo bello, nuestra tendencia "natural" a soñar las utopías nos puede conducir, en ciertas situaciones, a querer coger las nubes con las manos. Tomar el cielo por asalto, decían los muchachos del Mayo Francés.
La realidad es un todo complejísimo donde se mezclan lo material y lo inmaterial. El cambio revolucionario sólo es posible cuando se interceptan las curvas de las condiciones objetivas y las subjetivas. Cuando la situación social y económica coincide con la conciencia ideológica del pueblo para crear el punto de despegue revolucionario. Sólo allí es posible, políticamente, dar el salto. Intentarlo antes es voluntarismo, dejarlo pasar, es inmovilismo, falta de disposición combativa. Los dos errores son fatales para el movimiento revolucionario.
Nuestra Revolución Bolivariana acaba de sufrir un revés electoral significativo, que debemos evaluar muy seriamente. Respondernos honestamente las preguntas de rigor y hacer de las respuestas plan de acción. ¿Escogimos el momento y el terreno adecuados para este combate? ¿Supimos trasmitir nuestro mensaje con claridad y coherencia? ¿Evaluamos correctamente nuestras fuerzas y las del enemigo?
Pero tampoco nos engañemos con falsos consuelos pequeñoburgueses. Que si salimos fortalecidos porque ahora la oposición reconoce la Constitución del 99. Que si logramos mayor credibilidad internacional por haber perdido y reconocerlo. Tonterías. Perdimos y hay que cantarse las verdades, como dice el poema de Benedetti. Sólo se transforma una derrota en victoria si se sacan las lecciones correctas del hecho y se toman las acciones correctivas.
Hay que pasar a la ofensiva. Nos dejamos quitar la calle y nuestros enemigos la usaron como tribuna de sus consignas. Burocratizamos a nuestro movimiento estudiantil y nos crearon otro que fue cabeza de playa de la contrarrevolución. Descuidamos la vigilancia revolucionaria de nuestras trincheras y se nos llenaron de oportunistas que jugaron para el bando contrario. La mala hierba de los personalismos cunde entre nosotros. Nos sobran candidatos y nos faltan combatientes.
Luchar contra el imperialismo amerita de patriotas con sincera capacidad de entrega y desprendimiento. Chávez es uno y de los buenos. Pero él solo no puede ni podrá. Es hora de templar el acero de la conciencia revolucionaria.
Ildefonso Finol
"... los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad..."
Simón Bolívar, El Libertador.





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