Apenas asumida, la presidenta supo que llevar adelante su mandato no será un paseo de compras. Independientemente de cuánto de verdad haya en la denuncia de EEUU sobre la famosa valija, así de accidentados serán los cuatro años.
La política argentina es así, del glamour a la crispación y desesperación, apenas maquilladas ante el atril, y una virtual cadena nacional como la que usaba su marido. Así le pasó a Cristina Fernández de Kirchner. Primero disfrutó de las galas de la asunción, con una platea internacional que luego la visitó en su despacho de Balcarce 50, al menos los exponentes más destacados según la visión kirchnerista: el príncipe de Asturias, Lula da Silva, Hugo Chávez, etc.
Y de golpe, la oscuridad, el apagón, cuando todos los medios, especialmente 'La Nación', pusieron en sus primeras planas la información llegada desde EEUU, según la cual el F.B.I. había presentado ante la Corte Federal de Miami la denuncia sobre la famosa valija con los casi 800.000 dólares.
El agente de ese Buró, Michael Laisewicki, había informado que cuatro presuntos agentes del gobierno de Venezuela habían querido extorsionar al 'valijero' Guido Antonini Wilson para que se hiciera cargo de aquél dinero y no admitiera ante la justicia que se trataba de dinero chavista para financiar una campaña electoral argentina.
Aunque en tal caso sería obvio para qué candidato o candidata iba la financiación, el fiscal adjunto del distrito de Miami, Tom Mulvihill le puso nombre y apellido: 'la campaña presidencial de Cristina de Kirchner'.
En base a escuchas telefónicas y testimonios del propio Antonini Wilson, supuestamente convertido en informante del F.B.I. luego de un trato de colaboración, fueron detenidos los supuestos agentes. Tres venezolanos y un uruguayo fueron a prisión. Sólo se habría salvado de los arrestos un cuarto ciudadano de Caracas.
Hasta aquí la versión norteamericana, que enfureció al gobierno argentino. Ministros como los dos Fernández calificaron ese enfoque como una 'canallada'. Más política, C.F.K. dijo en un acto público por obras de saneamiento de basurales, que aquella maniobra era un basural internacional y una forma de presionarla por sus políticas internacionales que no cambiará. Era un tiro por elevación a Estados Unidos, al que no nombró.
Entre sus compromisos inalterables, la oradora enumeró la amistad con todos los gobiernos latinoamericanos, incluida 'la república bolivariana de Venezuela', la instrumentalidad del Banco del Sur como alternativo a los mecanismos tradicionales que causaron 'tragedias', la ampliación del Mercosur y la necesidad de un diálogo entre Alvaro Uribe y las FARC para hacer el intercambio humanitario.
A poco que se reflexione, se verá que todas esas políticas hacen a la relación del país con Hugo Chávez, que propició el Banco del Sur, quiere ingresar al Mercosur y alienta el diálogo del gobierno colombiano con la guerrilla pese a haber sido cesado en esa mediación.
¿Cuánto de verdad puede haber en las posiciones del F.B.I. y la mandataria? Mucha. Pueden ser ciertas ambas cosas: que Antonini haya pretendido ingresar el dinero para aportar al oficialista Frente para la Victoria, con desconocimiento o no de su candidata; y que en base a ese hecho, sectores ultramontanos del gobierno norteamericano, no todos, estén queriendo dañar a la recién asumida.
Los dos con razones
Hay antecedentes de maniobras de ese tipo por parte de la administración Bush. Cuando asumió Néstor Kirchner con veleidades tercermundistas en 2003, se atribuyó al subdirector de la 'Gaceta Ganadera' haberle llevado un mensaje de los círculos del poder de Washington. El vocero le habría dicho al ex presidente que debía pagar la deuda, aumentar las tarifas y suspender las políticas de enjuiciamiento de los militares por causas de derechos humanos, pues de lo contrario duraría apenas un año. Claudio Escribano habría sido despachado sin miramientos de la supuesta reunión.
¿Por qué no habrían de marcarle la cancha a su esposa, agitando el caso de la valija? Es que si la historia de Antonini no es cierta, tiene mucho de verosímil o parecida a las que -se cuentan- han sucedido en el financiamiento tan poco transparente de la política doméstica. La opinión pública aguarda del esclarecimiento judicial de casos como Skanska, donde los sobreprecios de la obra de gasoductos por millones de dólares habrían ido a parar a manos de funcionarios y ex funcionarios kirchneristas. Empresarios cercanos al presidente, como Lázaro Báez, Cristóbal López y Enrique Eskenazi, entre otros, han sido denunciados en varias oportunidades como presuntos 'cajeros' del ex presidente sin que aún se les haya probado nada ilegal.
Como la existencia del dinero sí está certificada, en una valija que venía portada por el venezolano dentro de un vuelo charteado por la oficial Enarsa en agosto último, con funcionarios chavistas y kirchneristas, la afirmación del fiscal de Miami parece tener su asidero. ¿O acaso los dólares irían a Elisa Carrió o Roberto Lavagna?
En ese aspecto suena en cierto modo ridículo la pretensión de Luis D´Elía de reivindicar lo dicho por él en agosto, en el sentido de que Antonini sería un agente de la C.I.A. Más bien parece que éste operaba para intereses opuestos a esa agencia, y que precisamente por eso algún servicio, quizás la misma Central, haya alertado a los controles de un aeropuerto argentino donde a las tres de la madrugada de un fin de semana no se suele controlar a altos funcionarios como Claudio Uberti y capos de Enarsa. Es obvio que alguien 'vendió' al valijero. La leyenda marketinera quiere presentar a la joven controladora que le hizo abrir la maleta como una heroína (ahora facturará bailando con Marcelo Tinelli).
Historias de valijas con dinero no están sacadas sólo de series norteamericanas, como intentó desacreditar la presidenta. También son de la realidad argentina de estos últimos años donde la política tuvo retornos y pagos por debajo de la mesa. No hay que hacerse los ingenuos ni presumir de una virginidad que los líderes de partidos tradicionales perdieron hace mucho tiempo.
Por otra parte, como quedó esbozado, entre los argumentos de C.F.K. hay varios que son sólidos. Sobre todo cuando denunció -nuevamente sin nombrar a Washington- que hay quienes 'que más que países amigos quieren países empleados'. Esto se ajusta a la verdad. El imperio no tiene problemas con gobiernos que sean 'son of a bitch' (hijos de p), siempre y cuando sean sus leales 'son of a bitch'. Ayer eran los Trujillo y los Somoza, luego fueron los Pinochet y Videla, y actualmente son los Uribe y Calderón.
El gobierno argentino, como el de Brasil, no son tan radicalizados como Chávez o Evo Morales, pero tampoco son lacayunos como los mandatarios de Colombia y México. Por eso reciben y seguirán recibiendo, hoy por el Banco del Sur, ayer por el ALCA y mañana por otro motivo, las presiones de Washington.
¿Y el embajador Wayne?
Antes que esta semana estallara el caso Antonini, desde el Departamento de Estado, el subsecretario para Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon, había sido reporteado por la dupla Clarín-La Nación y había planteado con palabras edulcoradas que pretendía una flexibilización de las políticas nacionales con Cristina. 'Ya es momento de que Argentina se internacionalice de nuevo, eso es algo que esperamos' le dijo Shannon a los enviados especiales de esos multimedios.
Era una forma de reclamar por la 'inserción de Argentina en el mundo', una muletilla que unifica el discurso desde la presidenta hasta Mauricio Macri y Elisa Carrió, y formula con la que en los próximos días el Mercosur firmará -como cuestionó este diario- un deleznable Tratado con Israel.
El operativo de presión continuó desde el Norte con las declaraciones del jefe del F.M.I. en Buenos Aires, que luego de reunirse con la presidenta insistió en que 'el problema es del Club de París y no del Fondo Monetanario'. De esa manera dejó claro que en la negociación de Argentina con ese Club por la deuda de 6.200 millones de dólares, el Fondo acatará lo que diga aquella entidad. Y como se sabe, los socios de París, entre ellos Washington, quieren que Buenos Aires renegocie el pago con un rol de auditor del F.M.I. A esto se resiste el gobierno, pero tendrá que aceptar esa humillación o pagar de contado toda esa factura, tal como en 2006 hizo Néstor Kirchner con el Fondo.
Producido el estallido de furia con ribetes nacionalistas de la Casa Rosada, distintos voceros de EEUU buscaron bajar los decibeles diciendo que era un problema judicial. Otros opinantes lo atribuyeron a meras declaraciones de un detenido en Miami, como si quienes lo detuvieron y armaron el expediente fueran de mármol.
La embajada en Buenos Aires, por medio de la vocera Mara Tekach, quiso despegar el caso de la 'relación bilateral', insistiendo en que se trataba de un asunto judicial y violación de leyes estadounidenses por parte de agentes extranjeros, con lo que indirectamente dio credibilidad a la versión del F.B.I.
La embestida de Cristina al criticar a quienes quieren 'gobiernos empleados' fue fuerte. Pero no tanto, porque de lo contrario tendría que haber sido convocado al Palacio San Martín el embajador estadounidense Earl Wayne para ser notificado del fastidio y la repulsa gubernamental. Por un problema menor al embajador de Uruguay lo citaron y entregaron una carta. Pero Wayne siguió plácido en su embajada de Palermo, tan injerencista en los asuntos internos como se ha denunciado aquí en otras oportunidades, sin que a Cristina se le movieran sus largas pestañas. ¿Es que Wayne tiene coronita? |
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