RECUERDOS DE AQUEL 23 DE ENERO
Edgar Rubio Palencia
Creo que fue en los últimos días de diciembre, o primeros de enero, cuando los presos más viejos decidieron organizar guardias por las noches, para después del toque de silencio, a las 9:00 pm, oír las noticias a través de un radiecito que colocábamos en el suelo, y al cual uno de nosotros debía pegar la oreja para escuchar lo que se trasmitía.
Mi suerte quiso que en la madrugada del 23 de Enero, yo estuviera de guardia. Por lo tanto, fui el primero en oír la voz grave del locutor anunciando que Pérez Jiménez había huido y que en su lugar se instaló una Junta de gobierno. Atolondrado, esperé un rato y cuando me cercioré de que era verdad lo que oía, empecé a hacer señas con las manos a mis compañeros.
Sigilosamente fueron bajando de sus hamacas o de sus catres y al rato era un puñado de cabezas alrededor del radio. Uno más osado le subió el volumen al aparto, de suerte que para las seis de la mañana ya algunos estaban bañados , vestidos y con capotera y cobija.
Sin embargo, nos esperaba algo difícil. Los presos comunes se negaron a que saliéramos sólo los políticos y exigían que la libertad fuera para todos. A mí me preguntaron qué opinaba y con la audacia de mis 18 años de edad contesté que era partidario de que nos fuéramos todos. Ese era mi juvenil opinión, pero no la del gobierno, de tal manera que como a las once de la mañana, se formó una plomazón terrible y un rato después los políticos salimos por encima de una gran cantidad de muertos y heridos . Volvíamos a la vida. Salir de la prisión es regresar a la vida. Entre los que estaban conmigo recuerdo a Edmundo Ruiz, Elio Carrasqueño, Edilberto Rumbos, José Carillo y el impecable y ejemplar prisionero Lino Martínez.
La primera reunión a la que me convocaron el 24 ó 25 de Enero se realizó en la casa de Jesús "Chino" Correa y éramos tan pocos que posiblemente hubiésemos ocupado el volswagen rojo de Chávez. La segunda reunión fue en el local que el Partido Comunista de Venezuela alquiló en una esquina de la calle Ciencias, en Maracaibo; esta reunión fue más concurrida .De allí salimos a organizar a los estudiantes, obreros, campesinos con la Tribuna Popular en una mano y un libro de Marx en la otra en una tarea titánica pero que nos llenaba de energía y orgullo.
Vivimos luego muchas angustias. Los desprendimientos del MAS y Vanguardia, la caída de la Unión Soviética y el campo socialista; las burlas de los "amigos" y la soledad.
El último susto fue el año pasado cuando el Presidente Chávez propuso la disolución del Partido Comunista de Venezuela y uno veía algunos rostros alegres y burlones. El documento del Comité Central para el XIII Congreso fue la gota de rocío. Está bien, algunos, como en otras ocasiones, se iban, pero el glorioso Partido Comunista de Venezuela quedaba incólume, para hoy y la posteridad.





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