PATRIA Ó MUERTE VENCEREMOS
Dibujo:Ricardo Carpani
Una reseña del
"Encuentro de Mujeres La
Comandanta Ramona y las Zapatistas"
Después del encuentro en La Garrucha
Eugenia Gutiérrez Cuatro verbos dominaron el discurso: luchar, sufrir, organizarse y trabajar. Porque cuando se lucha,
necesariamente se sufre. Pero para sufrir menos, hay
que organizarse. Sólo así es posible trabajar por la
liberación del pueblo. Y para la liberación del pueblo
vivimos.
Más de ciento cincuenta voces, femeninas y morenas, se
lo explicaron pacientemente a miles de oídos que las
escuchaban con alegría, admiración y respeto. La cita
fue del 29 al 31 de diciembre de 2007 en el Caracol
"Resistencia Hacia un Nuevo Amanecer", más famoso por
su nombre de La Garrucha, Zona Selva Tzeltal,
territorio rebelde zapatista. Delegadas de los cinco
Caracoles presentaron sus avances en mesas plenarias
donde, como dicen muchas de ellas, "las temas" de
trabajo fueron:
• Cómo vivían antes y cómo están ahora las zapatistas.
• Qué hicieron, cómo hicieron para organizarse para
lograr sus derechos.
• Cuáles son sus responsabilidades ahora.
• Cómo se sostienen en su lucha.
• Qué cambios tienen ahora.
• Cómo luchan con sus niñas y niños zapatistas.
• La mujer, y la mujer en la Otra Campaña.
Los distintos temas fueron abordados por delegadas que
llevaban las siguientes representaciones: comandantas
(suplentes e integrantes del Comité Clandestino
Revolucionario Indígena, CCRI), insurgentas (tres
capitanas de las Fuerzas Mexicanas de Milicia),
responsables regionales, responsables locales,
integrantes de las cinco Juntas de Buen Gobierno
(JBG), "concejas" autónomas, comisariadas agrarias,
promotoras y formadoras de salud, promotoras y
formadoras de educación, comisariadas y agentas
autónomas, directivas y administradoras de trabajos
colectivos, así como bases de apoyo (BAZ) que se
presentaron en su carácter de: abuelita, mujer mayor
de edad, mujer casada, joven soltera, mamás
zapatistas, compañeritas niñas, viejitas, traductoras,
relatoras y encargadas del sonido. En total, 20 horas
de plenarias (cuatro horas para cada Caracol) con
intermedios para preguntas y descansos.
Parecería un encuentro típicamente zapatista de no ser
porque a todos los hombres, incluidos los de prensa,
se les pide que se retiren del auditorio el primer
día, pues "sólo mujeres" pueden estar aquí. A "un
compañero que está escondido ahí atrás de un poste" le
pide la maestra de ceremonias "que se retire. Aquí
sólo mujeres". Y nada terrible sucede. Diez o doce
cámaras que han venido a grabarlo todo permanecen
listas en sus tripiés, tan tranquilas. No falta mujer
que las maneje. Algunas dudaban si podían. Hoy ya no
dudan. Y pueden.
En el templete del auditorio todo el control del
sonido y el espacio es femenino. En las bancas para
quienes escuchan, también. Hay mujeres de la sociedad
civil tan poco acostumbradas al respeto que parecen
incómodas de verse tan cómodamente sentadas. A lo
mejor son las "automarginadas" , término que usará una
zapatista al día siguiente, pero quién sabe. De
cualquier forma, con la salida de los hombres no
ocurre ninguna tragedia. A los maridos, hijos, novios,
amantes o hermanos les toca oír desde lejos, desde
fuera, o distraerse atendiendo los puestos de
vendimia. Otros ni siquiera vinieron, se quedaron a
cuidar a los hijos pequeños. Por eso entre las
convocadas hay tanta concentración, tanto brazo
relajado y tan poquito dolor de hombros. Además,
respiran bien las cinturas y sobran manos libres que
apuntan o toman fotos. Las delegadas zapatistas vienen
adornadas con moñitos de colores en la cima del
pasamontañas: azul para La Garrucha, blanco para La
Realidad, rojo para Morelia, amarillo para Oventic y
verde para Roberto Barrios.
Con el respeto de siempre, entonamos ese himno
nacional que jamás nos menciona. Enseguida habla la
comandanta Susana, la que abrió camino con Ramona y
que, de hecho, viene "de parte" de ella para
informarnos, primero, que nunca va a dejar su trabajo
y, segundo, que "Ramona pues vive y no está muerta
Ramona". Y no es la única ausente que anda cerca. Ya
de por sí, presas y presos nos acompañan todo el
tiempo. Pero aquí también se siente caminar a "los
caídos" que murieron en la lucha, a "las guerreras"
que pelearon por la paz, a "todas las mujeres" que no
pudieron llegar. La compañera Yoana dice que "tenemos
que ir a agradecer al general Zapata", ya que "por él
pudimos conocer nuestro derecho", y habla con tanta
seguridad que dan ganas de voltear para buscar al
general entre los hombres que escuchan desde el fondo.
Es así como se da por inaugurado este evento que tiene
varios nombres simultáneos: Tercer Encuentro de los
Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo: "La
Comandanta Ramona y las Zapatistas", o bien, Primer
Encuentro de las Mujeres Zapatistas con las Mujeres
del Mundo, o para las más exigentes, una combinación
de ambos: "Tercer Encuentro de los Pueblos… y Primer
Encuentro de las Mujeres…" al mismo tiempo. Que cada
quien escoja.
En los letreros de cartulina desplegados por todo el
Caracol se leen las siguientes frases: "En este
Encuentro no pueden participar los hombres en:
relator, traductor, exponente, vocero, ni representar
en la plenaria estos días 29, 30 y 31 de Dic 07. El 1
de enero del 08 vuelve a lo normal. Sólo pueden
trabajar en: hacer comida, limpiar y barrer el Caracol
y las letrinas, cuidar a l@s niñ@s y traer leña".
Pero una de esas frases no puede ser verdad. Veremos
cuál y veremos por qué.
EL ANTES: Los días de esclavitud.
Decenas de mujeres indígenas rebeldes explican cómo
sufrían antes del levantamiento armado de 1994. Pero
entre los recuentos del horror vivido con los patrones
y entre los relatos de su esclavitud, de su vida
infrahumana, de su humillación y su sufrimiento, nos
calan muy hondo los de la abuelita Avinia (de La
Garrucha) y los de las compañeras viejita Eva, viejita
Gloria, viejita Verónica y viejita Angelina (de La
Realidad). Varias de ellas hablan en su lengua materna
y recurren a traductoras. Es así como nos enteramos de
"¡Cuántos sufrimientos! ¡Cuántos!" tuvieron que
padecer con los castigos físicos que las hacían
"desmayar por el dolor". A sus esposos los amarraban a
los árboles dos días, desnudos. A ellas las sentaban
en una piedra filosa hasta que les sangraban las
rodillas. Ninguna aprendió jamás a leer ni a escribir
porque los finqueros las consideraban animales.
Dicen que si no hubiera sido por los fundadores del
EZLN que llegaron a las montañas de Chiapas hace más
de veinte años, "ya todos 'tuviéramos de mozos", igual
que "nuestros papaes y mamaes". Los relatos de
esclavitud coinciden: a los seres humanos se les
mandaba a llevar carga cuando "no hay caballos". Y es
que los hijos de los patrones tenían que comer sabroso
en Comitán: cajas de maíz al que se le había quitado
el corazoncito y la puntita, dejándole "sólo la
carnita". Abuelita Avinia está sorprendida de que un
hombre pueda ser tan insaciable. Nos cuenta,
indignada, que el inútil del patrón no era capaz de
irse a bañar al río, sino que había que cargarle su
agua para no quitarle su comodidad. ¿Cómo describiría
esta abuelita lo insaciable que es un juez de la
suprema corte, un consejero del IFE, un violador de la
PFP?
Se quejan mucho estas mujeres de que no conocían el
peltre, de que todo era puro barro. Afirman haber
nacido en familias que, por generaciones, "no tomamos
dulce" porque no lo permitía el patrón. "Pero ni la
espuma de la miel lo da a lamer" a los niños, "no lo
puede agarrar ni un pedacito de caña". Aunque, claro,
su ganado del cacique podía darse sus antojos, como
lamer sal tranquilamente porque ya estaba "pero bien
remolido" gracias a la piel cocida de las manos
indias. Entre las asistentes, pocas habíamos escuchado
una descripción tan minuciosa y tan directa del
derecho de pernada, de cómo son violadas las
jovencitas con la misma naturalidad con la que el sol
sale y se pone. Eso ya no sucede en las comunidades en
resistencia del EZLN, donde se extinguieron los
patrones. Pero sabemos que ocurre en muchas fincas de
nuestro país y por eso sigue doliendo. En cada relato
destaca la obsesión del cacique por lastimar, por
explotar, por humillar a otros, por descansar a toda
costa mientras a decenas de familias se les va la vida
en servirle. Además, "lo que hace un patrón lo hacen
todos". No importa si la finca es Del Rosario, Las
Delicias, Porvenir o La Codicia.
La comandanta Rosalinda cuenta que la seguridad
pública asesinaba y violaba a las mujeres de quienes
se organizaban para protestar, hasta que llegó la
información de que podían organizarse clandestinamente
y se formaron milicianas e insurgentes. Por eso, da
igual si el patrón es el que "lo cambea con tierra" a
las hijas, si se llama don Enrique Castellanos, a
quien "los viejitos lo metieron en unas redes y lo
colgaron" cansados de ver violadas a sus hijas, o si
se llama don Javier Albores, el que "tuvo familia con
sus criadas". Todos fueron expulsados de sus paraísos
el 1 de enero de 1994.
La historia de la clandestinidad.
Hace muchos años llegó un grupo de hombres y mujeres a
las montañas de Chiapas. Iban como maestros, como
médicos. Uno de los hombres se presentó un día en la
comunidad de Araceli, "Base del Apoyo" a la que le
"toca explicar la clandestinidad" . No sabían quién era
la persona que llegó, pero dice Araceli que les habló
de sus productos y sus precios y luego les preguntó
"cuántos tiempos vamos de aguantar viviendo". Se fue,
luego volvió con permiso de las comunidades. Habló con
más. Les dio un folletito. Les preguntó si estaban
bien dispuestos a luchar. Les dijo que fueran muy
cuidadosos. Luego les aconsejó que pusieran
vigilancia. Luego les explicó "cómo luchamos, junto
con quién luchamos y contra quién luchamos" y les
enseñó lo que significa la palabra "compañeros". Luego
les contó de un ejército que iba a luchar por el
pueblo: Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y
que la preparación no sólo era política sino militar.
Según la comandanta Sandra, "nadie quien lo supo, más
que nada más los que lloran".
Maribel nos amplía la información. Ella nos dice que
para reunirse con los que llegaron de fuera "íbamos
como si fuera a pescar", pero en realidad iban a
recibir pláticas en las montañas, en las cuevas, bajo
los árboles, "muy en silencio y despacito", de noche,
preparándose "para el trabajo de la lucha". Cuenta
Maribel que había cine-debate: "nos traían para ver
películas de luchadores de otros países". Luego venían
las preguntas y el debate y eso "nos conmovió nuestros
corazones". A veces había que hacer un hoyo para
ocultar el ruido del motorcito que brindaba energía.
Algunas señales iban en la ropa: playera roja, blanca,
café o negra significaban que habría reunión, y
dependiendo del color era el lugar. A veces se daban
un apretón fuerte de manos y esa era la señal. Las
primeras insurgentas enseñaron a estas mujeres muchas
cosas: "aprendimos a hacer vigilancia", así como a
manejar armas y hacer "de todo". Por eso, dicen las
zapatistas ancianas hoy, "fuimos capaces de resistir".
Estas mujeres alimentaron a los fundadores del EZLN
hace más de veinte años. La compañera viejita Verónica
nos cuenta que la tostada y el pinole se preparaban
"no en la día" sino en la noche, porque antes eran
clandestinos. Pero ya no. Y ahora se prepara de día.
La compañera viejita Angelina dice que a los
fundadores "ellas lo mantenieron" y que "lo quisieron
mucho, lo alimentaron" , pero no había caminos. Tenían
que moverse de noche, en picadas, de un campamento a
otro. En aquellos tiempos, Maribel explica que
prepararon y llevaron pinole, tostadas, galleta, pan,
yuca, plátano, camote, azúcar, sal, calabaza. "Lo que
comíamos es lo que comían también". Y cuenta que se
organizaron "a hacer costuras para uniformes". Luego
vino el alzamiento, en el que muchas de ellas
participaron, "y con esa sangre despertamos" .
La condición de la mujer.
Cuentan las mujeres zapatistas que no sólo las han
lastimado los patrones. Antes de los días con el EZLN
e incluso después del alzamiento, eran sus propios
padres, sus esposos, sus hermanos y hasta sus hijos
quienes las subestimaban. Sólo los hombres se
divertían; sólo ellos descansaban. Si a alguien se le
ocurría nacer niña, su padre la despreciaba. Si a
alguien se le ocurría participar en las reuniones, los
hombres se burlaban. Todo indica que la labor de
Ramona y de Susana debió ser titánica. Ellas
instigaron a las zapatistas a elaborar su Ley
Revolucionaria en los años en que daba mucha risa ver
luchar a una mujer. Esa Ley ya se ha ampliado de 10 a
30 artículos, pero nos dicen las zapatistas que
todavía no son públicos. En tanto, este auditorio
donde escuchamos por última vez la voz de Ramona, hoy
sigue ocupado sólo por mujeres. En algunos huequitos
en la pared o por la puertita ubicada detrás del
escenario se pueden ver cámaras fotográficas que
entran solas. Desde fuera, las sostienen antebrazos
duros y con las venas marcadas, de esos que a muchas
nos fascinan. Son los hombres que siguen sin poder
incorporarse a las plenarias, pero que no dejan de
retratar este espacio que hoy no es suyo. Dentro de
poco se les permitirá de nuevo el acceso a los de
prensa, siempre y cuando "nos respeten o los sacamos".
Para el tercer día, ya todos podrán entrar.
De cualquier forma, los trabajos siguen y las
compañeras zapatistas nos advierten: "vamos a ser
sinceras en decirlo". A veces, cuando ha habido
problemas, "hay mujeres que con eso abandonaron sus
trabajos". Hay pleitos fuertes en las casas porque "no
muy dejan salir nuestros maridos". Piensan que van a
echar novio. Como si no fuera también su derecho,
pienso yo. De cualquier manera es triste. "Los hombres
falta para que entiendan" la importancia de la lucha
de las mujeres. Grabiela, una de las tres capitanas
que junto con Elenita y Hortensia representan a todas
las mujeres que se encuentran "en posiciones de
montaña en el sureste mexicano", dice que antes, "si
nacimos niña, nuestro trabajo es ser mujer". Que no se
podía jugar basquetbol con los niños, ni estudiar. De
hecho, nos platica que una partera cobraba menos por
la niña porque no tenía el mismo valor que el niño.
En una reflexión recurrente y generalizada, estas
mujeres aseguran que antes de organizarse para luchar
pensaban que ellas no valían nada. Es más, cuando se
percataron de que sí valían tuvieron que demostrárselo
primero a ellas mismas. Los hombres ya tenían
experiencia, ya caminaban de noche, pero ellas sentían
muchísima pena de opinar, de hablar, de viajar, de
decidir. Ya fuera en las fincas o en sus propias
casas, tenían que levantarse a las dos o tres de la
mañana para ir por la leña, preparar el café y tortear
desde tempranito. Luego había que cuidar a los niños
solitas, cargándolos hasta el río trepados en la ropa
que iba a ser lavada. Luego había que regresar con
todo encima, la ropa limpia y los niños sucios. Y el
agua para beber. Y la leña. Además, los hombres se
emborrachaban y les golpeaban el cuerpo y el alma.
Dicen que era enorme su cansancio, indescriptible su
tristeza y larguísimo su día. Que el sueño era cortito
y ellas tenían que levantarse a las dos o tres de la
mañana otra vez para ir por la leña de nuevo.
Hoy, estas mujeres portan un cansancio muy otro.
Llevan meses haciendo trabajo intelectual, político y
organizativo en medio de una salvaje ofensiva
institucional y paramilitar. De hecho, mientras
estamos en plenarias nos vuelan por encima los
militares. Ellas lucen nerviosas pero satisfechas. Sus
compañeros las apoyan en la logística. Muchos están en
las cocinas, matando pollos y cocinando. Ahora que
"los priístas, los orcaos y los opddiques nos quieren
quitar el terreno" como si nada hubiera cambiado, la
joven casada Mireya deja claro que ya todo cambió, que
ella se casó después de 1994, que nadie la obligó, que
tiene dos hijos libres y que su esposo la respeta.
EL AHORA:
Eugenia Gutiérrez Cuatro verbos dominaron el discurso: luchar, sufrir, organizarse y trabajar. Porque cuando se lucha,
necesariamente se sufre. Pero para sufrir menos, hay
que organizarse. Sólo así es posible trabajar por la
liberación del pueblo. Y para la liberación del pueblo
vivimos.
Más de ciento cincuenta voces, femeninas y morenas, se
lo explicaron pacientemente a miles de oídos que las
escuchaban con alegría, admiración y respeto. La cita
fue del 29 al 31 de diciembre de 2007 en el Caracol
"Resistencia Hacia un Nuevo Amanecer", más famoso por
su nombre de La Garrucha, Zona Selva Tzeltal,
territorio rebelde zapatista. Delegadas de los cinco
Caracoles presentaron sus avances en mesas plenarias
donde, como dicen muchas de ellas, "las temas" de
trabajo fueron:
• Cómo vivían antes y cómo están ahora las zapatistas.
• Qué hicieron, cómo hicieron para organizarse para
lograr sus derechos.
• Cuáles son sus responsabilidades ahora.
• Cómo se sostienen en su lucha.
• Qué cambios tienen ahora.
• Cómo luchan con sus niñas y niños zapatistas.
• La mujer, y la mujer en la Otra Campaña.
Los distintos temas fueron abordados por delegadas que
llevaban las siguientes representaciones: comandantas
(suplentes e integrantes del Comité Clandestino
Revolucionario Indígena, CCRI), insurgentas (tres
capitanas de las Fuerzas Mexicanas de Milicia),
responsables regionales, responsables locales,
integrantes de las cinco Juntas de Buen Gobierno
(JBG), "concejas" autónomas, comisariadas agrarias,
promotoras y formadoras de salud, promotoras y
formadoras de educación, comisariadas y agentas
autónomas, directivas y administradoras de trabajos
colectivos, así como bases de apoyo (BAZ) que se
presentaron en su carácter de: abuelita, mujer mayor
de edad, mujer casada, joven soltera, mamás
zapatistas, compañeritas niñas, viejitas, traductoras,
relatoras y encargadas del sonido. En total, 20 horas
de plenarias (cuatro horas para cada Caracol) con
intermedios para preguntas y descansos.
Parecería un encuentro típicamente zapatista de no ser
porque a todos los hombres, incluidos los de prensa,
se les pide que se retiren del auditorio el primer
día, pues "sólo mujeres" pueden estar aquí. A "un
compañero que está escondido ahí atrás de un poste" le
pide la maestra de ceremonias "que se retire. Aquí
sólo mujeres". Y nada terrible sucede. Diez o doce
cámaras que han venido a grabarlo todo permanecen
listas en sus tripiés, tan tranquilas. No falta mujer
que las maneje. Algunas dudaban si podían. Hoy ya no
dudan. Y pueden.
En el templete del auditorio todo el control del
sonido y el espacio es femenino. En las bancas para
quienes escuchan, también. Hay mujeres de la sociedad
civil tan poco acostumbradas al respeto que parecen
incómodas de verse tan cómodamente sentadas. A lo
mejor son las "automarginadas" , término que usará una
zapatista al día siguiente, pero quién sabe. De
cualquier forma, con la salida de los hombres no
ocurre ninguna tragedia. A los maridos, hijos, novios,
amantes o hermanos les toca oír desde lejos, desde
fuera, o distraerse atendiendo los puestos de
vendimia. Otros ni siquiera vinieron, se quedaron a
cuidar a los hijos pequeños. Por eso entre las
convocadas hay tanta concentración, tanto brazo
relajado y tan poquito dolor de hombros. Además,
respiran bien las cinturas y sobran manos libres que
apuntan o toman fotos. Las delegadas zapatistas vienen
adornadas con moñitos de colores en la cima del
pasamontañas: azul para La Garrucha, blanco para La
Realidad, rojo para Morelia, amarillo para Oventic y
verde para Roberto Barrios.
Con el respeto de siempre, entonamos ese himno
nacional que jamás nos menciona. Enseguida habla la
comandanta Susana, la que abrió camino con Ramona y
que, de hecho, viene "de parte" de ella para
informarnos, primero, que nunca va a dejar su trabajo
y, segundo, que "Ramona pues vive y no está muerta
Ramona". Y no es la única ausente que anda cerca. Ya
de por sí, presas y presos nos acompañan todo el
tiempo. Pero aquí también se siente caminar a "los
caídos" que murieron en la lucha, a "las guerreras"
que pelearon por la paz, a "todas las mujeres" que no
pudieron llegar. La compañera Yoana dice que "tenemos
que ir a agradecer al general Zapata", ya que "por él
pudimos conocer nuestro derecho", y habla con tanta
seguridad que dan ganas de voltear para buscar al
general entre los hombres que escuchan desde el fondo.
Es así como se da por inaugurado este evento que tiene
varios nombres simultáneos: Tercer Encuentro de los
Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo: "La
Comandanta Ramona y las Zapatistas", o bien, Primer
Encuentro de las Mujeres Zapatistas con las Mujeres
del Mundo, o para las más exigentes, una combinación
de ambos: "Tercer Encuentro de los Pueblos… y Primer
Encuentro de las Mujeres…" al mismo tiempo. Que cada
quien escoja.
En los letreros de cartulina desplegados por todo el
Caracol se leen las siguientes frases: "En este
Encuentro no pueden participar los hombres en:
relator, traductor, exponente, vocero, ni representar
en la plenaria estos días 29, 30 y 31 de Dic 07. El 1
de enero del 08 vuelve a lo normal. Sólo pueden
trabajar en: hacer comida, limpiar y barrer el Caracol
y las letrinas, cuidar a l@s niñ@s y traer leña".
Pero una de esas frases no puede ser verdad. Veremos
cuál y veremos por qué.
EL ANTES: Los días de esclavitud.
Decenas de mujeres indígenas rebeldes explican cómo
sufrían antes del levantamiento armado de 1994. Pero
entre los recuentos del horror vivido con los patrones
y entre los relatos de su esclavitud, de su vida
infrahumana, de su humillación y su sufrimiento, nos
calan muy hondo los de la abuelita Avinia (de La
Garrucha) y los de las compañeras viejita Eva, viejita
Gloria, viejita Verónica y viejita Angelina (de La
Realidad). Varias de ellas hablan en su lengua materna
y recurren a traductoras. Es así como nos enteramos de
"¡Cuántos sufrimientos! ¡Cuántos!" tuvieron que
padecer con los castigos físicos que las hacían
"desmayar por el dolor". A sus esposos los amarraban a
los árboles dos días, desnudos. A ellas las sentaban
en una piedra filosa hasta que les sangraban las
rodillas. Ninguna aprendió jamás a leer ni a escribir
porque los finqueros las consideraban animales.
Dicen que si no hubiera sido por los fundadores del
EZLN que llegaron a las montañas de Chiapas hace más
de veinte años, "ya todos 'tuviéramos de mozos", igual
que "nuestros papaes y mamaes". Los relatos de
esclavitud coinciden: a los seres humanos se les
mandaba a llevar carga cuando "no hay caballos". Y es
que los hijos de los patrones tenían que comer sabroso
en Comitán: cajas de maíz al que se le había quitado
el corazoncito y la puntita, dejándole "sólo la
carnita". Abuelita Avinia está sorprendida de que un
hombre pueda ser tan insaciable. Nos cuenta,
indignada, que el inútil del patrón no era capaz de
irse a bañar al río, sino que había que cargarle su
agua para no quitarle su comodidad. ¿Cómo describiría
esta abuelita lo insaciable que es un juez de la
suprema corte, un consejero del IFE, un violador de la
PFP?
Se quejan mucho estas mujeres de que no conocían el
peltre, de que todo era puro barro. Afirman haber
nacido en familias que, por generaciones, "no tomamos
dulce" porque no lo permitía el patrón. "Pero ni la
espuma de la miel lo da a lamer" a los niños, "no lo
puede agarrar ni un pedacito de caña". Aunque, claro,
su ganado del cacique podía darse sus antojos, como
lamer sal tranquilamente porque ya estaba "pero bien
remolido" gracias a la piel cocida de las manos
indias. Entre las asistentes, pocas habíamos escuchado
una descripción tan minuciosa y tan directa del
derecho de pernada, de cómo son violadas las
jovencitas con la misma naturalidad con la que el sol
sale y se pone. Eso ya no sucede en las comunidades en
resistencia del EZLN, donde se extinguieron los
patrones. Pero sabemos que ocurre en muchas fincas de
nuestro país y por eso sigue doliendo. En cada relato
destaca la obsesión del cacique por lastimar, por
explotar, por humillar a otros, por descansar a toda
costa mientras a decenas de familias se les va la vida
en servirle. Además, "lo que hace un patrón lo hacen
todos". No importa si la finca es Del Rosario, Las
Delicias, Porvenir o La Codicia.
La comandanta Rosalinda cuenta que la seguridad
pública asesinaba y violaba a las mujeres de quienes
se organizaban para protestar, hasta que llegó la
información de que podían organizarse clandestinamente
y se formaron milicianas e insurgentes. Por eso, da
igual si el patrón es el que "lo cambea con tierra" a
las hijas, si se llama don Enrique Castellanos, a
quien "los viejitos lo metieron en unas redes y lo
colgaron" cansados de ver violadas a sus hijas, o si
se llama don Javier Albores, el que "tuvo familia con
sus criadas". Todos fueron expulsados de sus paraísos
el 1 de enero de 1994.
La historia de la clandestinidad.
Hace muchos años llegó un grupo de hombres y mujeres a
las montañas de Chiapas. Iban como maestros, como
médicos. Uno de los hombres se presentó un día en la
comunidad de Araceli, "Base del Apoyo" a la que le
"toca explicar la clandestinidad" . No sabían quién era
la persona que llegó, pero dice Araceli que les habló
de sus productos y sus precios y luego les preguntó
"cuántos tiempos vamos de aguantar viviendo". Se fue,
luego volvió con permiso de las comunidades. Habló con
más. Les dio un folletito. Les preguntó si estaban
bien dispuestos a luchar. Les dijo que fueran muy
cuidadosos. Luego les aconsejó que pusieran
vigilancia. Luego les explicó "cómo luchamos, junto
con quién luchamos y contra quién luchamos" y les
enseñó lo que significa la palabra "compañeros". Luego
les contó de un ejército que iba a luchar por el
pueblo: Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y
que la preparación no sólo era política sino militar.
Según la comandanta Sandra, "nadie quien lo supo, más
que nada más los que lloran".
Maribel nos amplía la información. Ella nos dice que
para reunirse con los que llegaron de fuera "íbamos
como si fuera a pescar", pero en realidad iban a
recibir pláticas en las montañas, en las cuevas, bajo
los árboles, "muy en silencio y despacito", de noche,
preparándose "para el trabajo de la lucha". Cuenta
Maribel que había cine-debate: "nos traían para ver
películas de luchadores de otros países". Luego venían
las preguntas y el debate y eso "nos conmovió nuestros
corazones". A veces había que hacer un hoyo para
ocultar el ruido del motorcito que brindaba energía.
Algunas señales iban en la ropa: playera roja, blanca,
café o negra significaban que habría reunión, y
dependiendo del color era el lugar. A veces se daban
un apretón fuerte de manos y esa era la señal. Las
primeras insurgentas enseñaron a estas mujeres muchas
cosas: "aprendimos a hacer vigilancia", así como a
manejar armas y hacer "de todo". Por eso, dicen las
zapatistas ancianas hoy, "fuimos capaces de resistir".
Estas mujeres alimentaron a los fundadores del EZLN
hace más de veinte años. La compañera viejita Verónica
nos cuenta que la tostada y el pinole se preparaban
"no en la día" sino en la noche, porque antes eran
clandestinos. Pero ya no. Y ahora se prepara de día.
La compañera viejita Angelina dice que a los
fundadores "ellas lo mantenieron" y que "lo quisieron
mucho, lo alimentaron" , pero no había caminos. Tenían
que moverse de noche, en picadas, de un campamento a
otro. En aquellos tiempos, Maribel explica que
prepararon y llevaron pinole, tostadas, galleta, pan,
yuca, plátano, camote, azúcar, sal, calabaza. "Lo que
comíamos es lo que comían también". Y cuenta que se
organizaron "a hacer costuras para uniformes". Luego
vino el alzamiento, en el que muchas de ellas
participaron, "y con esa sangre despertamos" .
La condición de la mujer.
Cuentan las mujeres zapatistas que no sólo las han
lastimado los patrones. Antes de los días con el EZLN
e incluso después del alzamiento, eran sus propios
padres, sus esposos, sus hermanos y hasta sus hijos
quienes las subestimaban. Sólo los hombres se
divertían; sólo ellos descansaban. Si a alguien se le
ocurría nacer niña, su padre la despreciaba. Si a
alguien se le ocurría participar en las reuniones, los
hombres se burlaban. Todo indica que la labor de
Ramona y de Susana debió ser titánica. Ellas
instigaron a las zapatistas a elaborar su Ley
Revolucionaria en los años en que daba mucha risa ver
luchar a una mujer. Esa Ley ya se ha ampliado de 10 a
30 artículos, pero nos dicen las zapatistas que
todavía no son públicos. En tanto, este auditorio
donde escuchamos por última vez la voz de Ramona, hoy
sigue ocupado sólo por mujeres. En algunos huequitos
en la pared o por la puertita ubicada detrás del
escenario se pueden ver cámaras fotográficas que
entran solas. Desde fuera, las sostienen antebrazos
duros y con las venas marcadas, de esos que a muchas
nos fascinan. Son los hombres que siguen sin poder
incorporarse a las plenarias, pero que no dejan de
retratar este espacio que hoy no es suyo. Dentro de
poco se les permitirá de nuevo el acceso a los de
prensa, siempre y cuando "nos respeten o los sacamos".
Para el tercer día, ya todos podrán entrar.
De cualquier forma, los trabajos siguen y las
compañeras zapatistas nos advierten: "vamos a ser
sinceras en decirlo". A veces, cuando ha habido
problemas, "hay mujeres que con eso abandonaron sus
trabajos". Hay pleitos fuertes en las casas porque "no
muy dejan salir nuestros maridos". Piensan que van a
echar novio. Como si no fuera también su derecho,
pienso yo. De cualquier manera es triste. "Los hombres
falta para que entiendan" la importancia de la lucha
de las mujeres. Grabiela, una de las tres capitanas
que junto con Elenita y Hortensia representan a todas
las mujeres que se encuentran "en posiciones de
montaña en el sureste mexicano", dice que antes, "si
nacimos niña, nuestro trabajo es ser mujer". Que no se
podía jugar basquetbol con los niños, ni estudiar. De
hecho, nos platica que una partera cobraba menos por
la niña porque no tenía el mismo valor que el niño.
En una reflexión recurrente y generalizada, estas
mujeres aseguran que antes de organizarse para luchar
pensaban que ellas no valían nada. Es más, cuando se
percataron de que sí valían tuvieron que demostrárselo
primero a ellas mismas. Los hombres ya tenían
experiencia, ya caminaban de noche, pero ellas sentían
muchísima pena de opinar, de hablar, de viajar, de
decidir. Ya fuera en las fincas o en sus propias
casas, tenían que levantarse a las dos o tres de la
mañana para ir por la leña, preparar el café y tortear
desde tempranito. Luego había que cuidar a los niños
solitas, cargándolos hasta el río trepados en la ropa
que iba a ser lavada. Luego había que regresar con
todo encima, la ropa limpia y los niños sucios. Y el
agua para beber. Y la leña. Además, los hombres se
emborrachaban y les golpeaban el cuerpo y el alma.
Dicen que era enorme su cansancio, indescriptible su
tristeza y larguísimo su día. Que el sueño era cortito
y ellas tenían que levantarse a las dos o tres de la
mañana otra vez para ir por la leña de nuevo.
Hoy, estas mujeres portan un cansancio muy otro.
Llevan meses haciendo trabajo intelectual, político y
organizativo en medio de una salvaje ofensiva
institucional y paramilitar. De hecho, mientras
estamos en plenarias nos vuelan por encima los
militares. Ellas lucen nerviosas pero satisfechas. Sus
compañeros las apoyan en la logística. Muchos están en
las cocinas, matando pollos y cocinando. Ahora que
"los priístas, los orcaos y los opddiques nos quieren
quitar el terreno" como si nada hubiera cambiado, la
joven casada Mireya deja claro que ya todo cambió, que
ella se casó después de 1994, que nadie la obligó, que
tiene dos hijos libres y que su esposo la respeta.
EL AHORA:
Cómo se organizan para luchar.
Mayoritariamente, las mujeres zapatistas informan que
todavía falta mucho para lograr el respeto "y ocupar
en algún lugar el lugar que nos corresponde" , pero
Elisa, la compañera mayor de edad, señala que "ya
conocemos ya nuestro derecho". Muchas de las que han
venido a este singular encuentro son bases de apoyo
del EZLN. Reconocen el trabajo de Ramona, saludan al
Subcomandante Marcos "donde quiera que esté" e
"inclusivamente a sus tropas insurgentes" y agradecen
a la organización "que nos dio lugar y respeto".
Hay quien se entrega el micrófono a sí misma, con
mucha elegancia y seriedad: "Tiene la palabra la
compañera Dalia, que ero yo". También hay quien
presenta su Curriculum Vitae detallado, como Everilda,
suplenta al CCRI que nos convocó a este encuentro en
julio pasado. Dice que empezó su participación
política cuando tenía diez años. Durante 2 años y 7
meses fue base de apoyo. Luego fue nombrada
responsable local, cargo que desempeñó durante 1 año.
Más tarde fue nombrada responsable regional. "Ese
trabajo ya es más grande" y en él estuvo 7 años, 1 mes
y 26 días que le "enseñaron a luchar fuerte".
Enseguida fue nombrada suplenta al CCRI, cargo que
ocupa actualmente.
Por cierto, ¿a qué se dedica una comandanta zapatista?
Ese cargo "no se cambea cada 3 ó 6 años" como los
políticos. Everilda explica: "no somos dirigentas",
sino que "representamos a las mujeres para orientar a
las compañeras". El trabajo suena pesadito: "nos
corrigen y corregimos los errores" de los pueblos.
Cada una de las delegadas aquí presentes tiene una
función que cumplir dentro de la organización. Sobre
todas esas funciones, nos dieron datos abundantes.
Quienes trabajan en las Juntas de Buen Gobierno nos
explican cuáles son sus responsabilidades. Dicen que
en agosto de 2003, cuando nacieron las JBG, todos sus
miembros eran hombres. Luego se integraron algunas
compañeras. Dice una de ellas que "los pueblos
zapatistas como que no se habían dado cuenta" de que
había participación de mujeres en su lucha. En 2004 se
hicieron asambleas en todos los pueblos y se acordó el
ingreso de mujeres por tres años. Entonces ya hubo más
mujeres. Pero fue en 2005 cuando más empezaron a
participar ellas en las Juntas. ¿Cuáles son sus
trabajos? Recibir "a las personas nacionales e
internacionales" . Fungir de puente con ellas. Ver los
distintos problemas que les presentan las bases de
apoyo, o incluso quienes no son integrantes del EZLN.
Distribuir equitativamente los recursos económicos.
Las juntas llevan el control de los proyectos o
donaciones, pero sólo pueden presentar propuestas a
los pueblos, "que son la máxima autoridad". No tienen
descanso, ni horarios, ni días de trabajo. Atienden
las 24 horas a quien lo necesita. Algunas mujeres de
las JBG están aprendiendo a usar la computadora. Nos
dicen que "sentimos muy difícil", que les "falta mucho
de aprender", que no saben leer ni escribir, que por
eso no hablan español, que no pueden caminar solas
porque hay hombres que las quieren violar, sin
importar que sean casadas, que muchas veces sus
maridos, sus papás y sus hermanos no las dejan ir al
trabajo porque piensan que van a hacer "cosa mala".
Pero ellas saben lo que viene: "algún día debemos
tomar nuestro derecho y el lugar que nos corresponda
como mujeres".
En los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas
(MAREZ) también hay mujeres. Algunas compañeras
explican que "antes no era costumbre de que las
mujeres participen". Es por eso que el número de
mujeres en los MAREZ es limitado. Dicen que no es
porque no las dejen participar los compañeros sino
porque ellas no se atreven a hablar porque no están
acostumbradas. Los hombres sí. Ellas nunca han tenido
la oportunidad de estar en un cargo, "muchos menos,
darle solución a un problema", pero confían en que
poco a poco van a aprender. Muchos las critican porque
cómo es posible que una mujer ande sola y ande en
todos lados. Pero ellas no hacen caso. Dicen que "por
eso estamos aquí frente a ustedes". Aunque no saben
leer ni escribir, exhortan a todas las presentes a no
tener "el miedo de hablar" porque esas ideas son
malas, son de los ricos que las quieren tener calladas
y explotadas. Pero ellas saben que "ya es hora de
hacer algo por nosotras mismas y por nuestro pueblo".
Una agenta autónoma como Elvia tiene la tarea de
resolver "chismes" y toda clase de conflictos. A veces
hay que enviar a alguien a "la cárcel" durante 24
horas. Para problemas de adicción habrá castigos de un
mes de trabajo, e incluso la expulsión de su pueblo.
El trabajo de las agentas es hacer la justicia, "y la
justicia es la justicia". Marleni y Lucero son
"concejas" municipales y saben mucho de todo, de lo
agrario, de la salud, de la educación. Hay una
compañera para cuestiones de tránsito, que vigila que
los caminos no estén muy tapados, y otra compañera
para derechos humanos que impide abusos de las
autoridades autónomas. Ellas impulsan la participación
de las mujeres en los colectivos de bordados, de pan,
de pollos, de ganado. Si hay alguna compañera a la que
"no le dan su derecho" su papá, su hermano o su
esposo, es su deber de estas "concejas" ir a averiguar
qué está sucediendo. Si hay abusos y violación, ellas
lo investigan. Dicen que "el miedo, la timidez y la
vergüenza" irán quedando atrás, pues ahora hacen sus
reuniones "para planear planes de trabajo". Luego nos
dicen la clave para que no los desaparezcan como
pueblos indígenas: "Respetamos la mayoría. Además,
nosotras cumplimos".
Parece que las responsables regionales la tienen
difícil. Nos dice Amalia que "el tiempo de trabajo que
tenemos es de todo el tiempo. No tiene fin". Por un
lado, están sufriendo desalojos y presiones. Por otro
lado, tienen que organizar fiestas conmemorativas como
el 8 de marzo, o preparar los trabajos colectivos
"para contrarrestar la guerra económica del mal
gobierno", sistema "destructor de la humanidad" que
"nos está jodiendo" y contra el que "todos tenemos el
deber de luchar". Las responsables locales tienen
otras tareas. Yaneli, por ejemplo, invita a las
campesinas a hacer el trabajo, a organizarse. Los
argumentos que usa son convincentes: "El gobierno nos
quiere acabar, nos puede provocar la muerte", pero "si
estamos organizadas" , el mal gobierno ya no puede
entrar a las comunidades a regalar "sus migajas" con
esos programas que debilitan la voluntad de lucha. Las
responsables locales supervisan la correcta
conmemoración de las siguientes fechas: 12 de
noviembre de 1983 (llegada a la selva de los seis
fundadores y fundadoras), 17 de noviembre de 1983
(fundación del EZLN), 1 de enero de 1994 (alzamiento) ,
26 de octubre (cumpleaños del subcomandante Pedro), 10
de abril (muerte de Zapata), 6 de agosto (nacimiento
de los Caracoles y las JBG), 8 de marzo (día
internacional de la mujer).
A ellas les toca organizar las fiestas, pero también
les toca ver cuántos van a defender a sus pueblos.
Jóvenas y jóvenes de 15 años para arriba ya pueden
hacer y recibir "trabajo de nuestra lucha". Las
responsables locales vigilan que el trabajo de
parteras, hueseras y encargadas de plantas medicinales
esté avanzando. De igual forma, apoyan los estudios
políticos en la parte de las mujeres, para "darle
saber cuál es nuestro deber" como mujeres
revolucionarias. Finalmente, si un colectivo fracasa o
si un pueblo no está trabajando bien, es
responsabilidad de ellas animarlos. Luvia nos informa
que las responsables no tienen límite en sus cargos, a
menos que les dé una enfermedad. Por si alguna está
interesada, para ser responsable local zapatista se
necesita cubrir las siguientes características:
"disciplina, honestidad, comportamiento" con los
compañeros y los pueblos, "unidad y compañerismo y
sufrimiento que ha pasado" en la historia de su lucha,
disposición para caminar kilómetros, dejar a sus
hijas, hijos y esposos durante días y capacidad para
asistir a reuniones que duran dos días.
En los trabajos colectivos se turnan las secretarias,
las tesoreras, las presidentas. Son las
administradoras y coordinadoras de esos trabajos. Mari
nos cuenta que en su colectivo de pan empezaron con un
préstamo de 1,000 pesos que les dio la organización
para el horno, además de 494.50 pesos para materiales
con los que se hace el pan. Luego pusieron una
mercería. No sabían ni hacer corte de caja, pero
aprendieron y ya tienen sus tiendas. Para el colectivo
de pollo juntaron una gallina por cada mujer. Los
hombres les ayudaron a juntar las varitas y a hacer el
corral. Hoy ya no tienen necesidad de comprar pollo.
¿Qué hacen las comisariadas? Heidi nos explica que
ellas dicen a qué hora se quema la milpa y dónde se
hacen las zanjas. También vigilan "la tumba de los
árboles" y se encargan de enseñar la importancia de la
reforestación. Además supervisan el cuidado de los
animales y la limpieza de arroyos y cascadas para "que
estén en buenas condiciones de naturaleza". Por su
parte, Daisy explica que hay que medir las
colindancias y presentar informes de gastos y asuntos
pendientes. Una comisariada autónoma le busca solución
a "todos los problemas que cometen los compañeros y
las compañeras" en cuestión agraria. Dice que antes
"tenemos miedo y vergüencillas" por ser mujeres, pero
ya no.
Para desempeñar todos estos cargos, las delegadas
señalan insistentemente que sólo es necesario respetar
tres principios básicos: unidad, disciplina y
compañerismo. Nada más. Será por eso que, cuando la
promotora de salud Angélica nos aclara que no cuentan
su tristeza con el fin de provocar nuestra lástima,
una mujer del público en la sesión de preguntas y
respuestas habla por todas nosotras: "Compañeras, no
nos dan lástima. Nos dan envidia".
Mujeres por la Dignidad.
Había una vez unas mujeres artesanas indígenas que
querían tener una cooperativa. Vivían en los Altos de
Chiapas y estaban muy solas porque "trabajaban en
individual". Sus productos los llevaban a vender a San
Cristóbal de las Casas. Ahí, como en escena de
apertura del Oficio de Tinieblas, su esfuerzo se les
pagaba a un precio muy bajo. En un retrato fiel a
Rosario Castellanos, las mujeres se topaban con
coyotes, intermediarios ladrones y compradores
abusivos que vivían del cansancio de ellas. Fue por
eso que se organizaron para formar una sociedad
cooperativa donde pudieran juntarse todas. El 1 de
marzo de 1997 hicieron su Asamblea General de Mujeres
Artesanas. Ahí se aprobó la primera Sociedad
Cooperativa Mujeres por la Dignidad y quedó legalizada
su cooperativa. Las socias de esta Sociedad
Cooperativa realizan una asamblea nacional cada año.
La mesa directiva revisa el trabajo de las encargadas.
Si una compañera lo hace bien, la reeligen varios años
más. Son ellas mismas quienes deciden cómo van a
trabajar. Algunas veces, bajo un árbol. Otras veces,
en su casa. Nos dice una compañera que sufren mucho
con sus hijos "por no tener un lugar especial para
trabajar", pero eso no las detiene. Hay dos compañeras
representantes en cada comunidad. Reciben la paga.
Dejan veinte por ciento en la tienda y ya no dependen
de los hombres, "pero mucho menos" dependen "del mal
gobierno".
También tienen sus problemas. Algunas compañeras ya se
salieron y sólo están en colectivos, no en sociedad
pues no sienten mucha obligación. Hay organizaciones
independientes que han causado divisiones porque,
queriendo ayudar, llevan los productos de las
zapatistas a tiendas donde hay gente que recibe
sueldos. La lucha, pues, se torna durísima y muchas no
aguantan. Las que sí aguantan señalan con
satisfacción: "Hemos demostrado que podemos
administrar una Sociedad Cooperativa como mujeres". La
mesa directiva hace los trámites para la exportación
de artesanías. La sociedad tiene vendedoras. A veces
caminan ocho horas solas con sus hijas e hijos, pues
hay que ir a la tienda en el centro del Caracol de
Oventic. Las mujeres se turnan por semana. Hacen posta
día y noche. Entre todas les dan para el pasaje a las
vendedoras. Las apoyan con frijol. No les pagan, pues
como en todas las actividades autónomas zapatistas,
"sólo están cumpliendo su trabajo por conciencia". Ya
tienen clientes y no andan ofreciendo sus artesanías
por las calles de San Cristóbal. Desde hace catorce
años, el de estas mujeres organizadas es, ante todo,
un Oficio de Luz.
Mayoritariamente, las mujeres zapatistas informan que
todavía falta mucho para lograr el respeto "y ocupar
en algún lugar el lugar que nos corresponde" , pero
Elisa, la compañera mayor de edad, señala que "ya
conocemos ya nuestro derecho". Muchas de las que han
venido a este singular encuentro son bases de apoyo
del EZLN. Reconocen el trabajo de Ramona, saludan al
Subcomandante Marcos "donde quiera que esté" e
"inclusivamente a sus tropas insurgentes" y agradecen
a la organización "que nos dio lugar y respeto".
Hay quien se entrega el micrófono a sí misma, con
mucha elegancia y seriedad: "Tiene la palabra la
compañera Dalia, que ero yo". También hay quien
presenta su Curriculum Vitae detallado, como Everilda,
suplenta al CCRI que nos convocó a este encuentro en
julio pasado. Dice que empezó su participación
política cuando tenía diez años. Durante 2 años y 7
meses fue base de apoyo. Luego fue nombrada
responsable local, cargo que desempeñó durante 1 año.
Más tarde fue nombrada responsable regional. "Ese
trabajo ya es más grande" y en él estuvo 7 años, 1 mes
y 26 días que le "enseñaron a luchar fuerte".
Enseguida fue nombrada suplenta al CCRI, cargo que
ocupa actualmente.
Por cierto, ¿a qué se dedica una comandanta zapatista?
Ese cargo "no se cambea cada 3 ó 6 años" como los
políticos. Everilda explica: "no somos dirigentas",
sino que "representamos a las mujeres para orientar a
las compañeras". El trabajo suena pesadito: "nos
corrigen y corregimos los errores" de los pueblos.
Cada una de las delegadas aquí presentes tiene una
función que cumplir dentro de la organización. Sobre
todas esas funciones, nos dieron datos abundantes.
Quienes trabajan en las Juntas de Buen Gobierno nos
explican cuáles son sus responsabilidades. Dicen que
en agosto de 2003, cuando nacieron las JBG, todos sus
miembros eran hombres. Luego se integraron algunas
compañeras. Dice una de ellas que "los pueblos
zapatistas como que no se habían dado cuenta" de que
había participación de mujeres en su lucha. En 2004 se
hicieron asambleas en todos los pueblos y se acordó el
ingreso de mujeres por tres años. Entonces ya hubo más
mujeres. Pero fue en 2005 cuando más empezaron a
participar ellas en las Juntas. ¿Cuáles son sus
trabajos? Recibir "a las personas nacionales e
internacionales" . Fungir de puente con ellas. Ver los
distintos problemas que les presentan las bases de
apoyo, o incluso quienes no son integrantes del EZLN.
Distribuir equitativamente los recursos económicos.
Las juntas llevan el control de los proyectos o
donaciones, pero sólo pueden presentar propuestas a
los pueblos, "que son la máxima autoridad". No tienen
descanso, ni horarios, ni días de trabajo. Atienden
las 24 horas a quien lo necesita. Algunas mujeres de
las JBG están aprendiendo a usar la computadora. Nos
dicen que "sentimos muy difícil", que les "falta mucho
de aprender", que no saben leer ni escribir, que por
eso no hablan español, que no pueden caminar solas
porque hay hombres que las quieren violar, sin
importar que sean casadas, que muchas veces sus
maridos, sus papás y sus hermanos no las dejan ir al
trabajo porque piensan que van a hacer "cosa mala".
Pero ellas saben lo que viene: "algún día debemos
tomar nuestro derecho y el lugar que nos corresponda
como mujeres".
En los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas
(MAREZ) también hay mujeres. Algunas compañeras
explican que "antes no era costumbre de que las
mujeres participen". Es por eso que el número de
mujeres en los MAREZ es limitado. Dicen que no es
porque no las dejen participar los compañeros sino
porque ellas no se atreven a hablar porque no están
acostumbradas. Los hombres sí. Ellas nunca han tenido
la oportunidad de estar en un cargo, "muchos menos,
darle solución a un problema", pero confían en que
poco a poco van a aprender. Muchos las critican porque
cómo es posible que una mujer ande sola y ande en
todos lados. Pero ellas no hacen caso. Dicen que "por
eso estamos aquí frente a ustedes". Aunque no saben
leer ni escribir, exhortan a todas las presentes a no
tener "el miedo de hablar" porque esas ideas son
malas, son de los ricos que las quieren tener calladas
y explotadas. Pero ellas saben que "ya es hora de
hacer algo por nosotras mismas y por nuestro pueblo".
Una agenta autónoma como Elvia tiene la tarea de
resolver "chismes" y toda clase de conflictos. A veces
hay que enviar a alguien a "la cárcel" durante 24
horas. Para problemas de adicción habrá castigos de un
mes de trabajo, e incluso la expulsión de su pueblo.
El trabajo de las agentas es hacer la justicia, "y la
justicia es la justicia". Marleni y Lucero son
"concejas" municipales y saben mucho de todo, de lo
agrario, de la salud, de la educación. Hay una
compañera para cuestiones de tránsito, que vigila que
los caminos no estén muy tapados, y otra compañera
para derechos humanos que impide abusos de las
autoridades autónomas. Ellas impulsan la participación
de las mujeres en los colectivos de bordados, de pan,
de pollos, de ganado. Si hay alguna compañera a la que
"no le dan su derecho" su papá, su hermano o su
esposo, es su deber de estas "concejas" ir a averiguar
qué está sucediendo. Si hay abusos y violación, ellas
lo investigan. Dicen que "el miedo, la timidez y la
vergüenza" irán quedando atrás, pues ahora hacen sus
reuniones "para planear planes de trabajo". Luego nos
dicen la clave para que no los desaparezcan como
pueblos indígenas: "Respetamos la mayoría. Además,
nosotras cumplimos".
Parece que las responsables regionales la tienen
difícil. Nos dice Amalia que "el tiempo de trabajo que
tenemos es de todo el tiempo. No tiene fin". Por un
lado, están sufriendo desalojos y presiones. Por otro
lado, tienen que organizar fiestas conmemorativas como
el 8 de marzo, o preparar los trabajos colectivos
"para contrarrestar la guerra económica del mal
gobierno", sistema "destructor de la humanidad" que
"nos está jodiendo" y contra el que "todos tenemos el
deber de luchar". Las responsables locales tienen
otras tareas. Yaneli, por ejemplo, invita a las
campesinas a hacer el trabajo, a organizarse. Los
argumentos que usa son convincentes: "El gobierno nos
quiere acabar, nos puede provocar la muerte", pero "si
estamos organizadas" , el mal gobierno ya no puede
entrar a las comunidades a regalar "sus migajas" con
esos programas que debilitan la voluntad de lucha. Las
responsables locales supervisan la correcta
conmemoración de las siguientes fechas: 12 de
noviembre de 1983 (llegada a la selva de los seis
fundadores y fundadoras), 17 de noviembre de 1983
(fundación del EZLN), 1 de enero de 1994 (alzamiento) ,
26 de octubre (cumpleaños del subcomandante Pedro), 10
de abril (muerte de Zapata), 6 de agosto (nacimiento
de los Caracoles y las JBG), 8 de marzo (día
internacional de la mujer).
A ellas les toca organizar las fiestas, pero también
les toca ver cuántos van a defender a sus pueblos.
Jóvenas y jóvenes de 15 años para arriba ya pueden
hacer y recibir "trabajo de nuestra lucha". Las
responsables locales vigilan que el trabajo de
parteras, hueseras y encargadas de plantas medicinales
esté avanzando. De igual forma, apoyan los estudios
políticos en la parte de las mujeres, para "darle
saber cuál es nuestro deber" como mujeres
revolucionarias. Finalmente, si un colectivo fracasa o
si un pueblo no está trabajando bien, es
responsabilidad de ellas animarlos. Luvia nos informa
que las responsables no tienen límite en sus cargos, a
menos que les dé una enfermedad. Por si alguna está
interesada, para ser responsable local zapatista se
necesita cubrir las siguientes características:
"disciplina, honestidad, comportamiento" con los
compañeros y los pueblos, "unidad y compañerismo y
sufrimiento que ha pasado" en la historia de su lucha,
disposición para caminar kilómetros, dejar a sus
hijas, hijos y esposos durante días y capacidad para
asistir a reuniones que duran dos días.
En los trabajos colectivos se turnan las secretarias,
las tesoreras, las presidentas. Son las
administradoras y coordinadoras de esos trabajos. Mari
nos cuenta que en su colectivo de pan empezaron con un
préstamo de 1,000 pesos que les dio la organización
para el horno, además de 494.50 pesos para materiales
con los que se hace el pan. Luego pusieron una
mercería. No sabían ni hacer corte de caja, pero
aprendieron y ya tienen sus tiendas. Para el colectivo
de pollo juntaron una gallina por cada mujer. Los
hombres les ayudaron a juntar las varitas y a hacer el
corral. Hoy ya no tienen necesidad de comprar pollo.
¿Qué hacen las comisariadas? Heidi nos explica que
ellas dicen a qué hora se quema la milpa y dónde se
hacen las zanjas. También vigilan "la tumba de los
árboles" y se encargan de enseñar la importancia de la
reforestación. Además supervisan el cuidado de los
animales y la limpieza de arroyos y cascadas para "que
estén en buenas condiciones de naturaleza". Por su
parte, Daisy explica que hay que medir las
colindancias y presentar informes de gastos y asuntos
pendientes. Una comisariada autónoma le busca solución
a "todos los problemas que cometen los compañeros y
las compañeras" en cuestión agraria. Dice que antes
"tenemos miedo y vergüencillas" por ser mujeres, pero
ya no.
Para desempeñar todos estos cargos, las delegadas
señalan insistentemente que sólo es necesario respetar
tres principios básicos: unidad, disciplina y
compañerismo. Nada más. Será por eso que, cuando la
promotora de salud Angélica nos aclara que no cuentan
su tristeza con el fin de provocar nuestra lástima,
una mujer del público en la sesión de preguntas y
respuestas habla por todas nosotras: "Compañeras, no
nos dan lástima. Nos dan envidia".
Mujeres por la Dignidad.
Había una vez unas mujeres artesanas indígenas que
querían tener una cooperativa. Vivían en los Altos de
Chiapas y estaban muy solas porque "trabajaban en
individual". Sus productos los llevaban a vender a San
Cristóbal de las Casas. Ahí, como en escena de
apertura del Oficio de Tinieblas, su esfuerzo se les
pagaba a un precio muy bajo. En un retrato fiel a
Rosario Castellanos, las mujeres se topaban con
coyotes, intermediarios ladrones y compradores
abusivos que vivían del cansancio de ellas. Fue por
eso que se organizaron para formar una sociedad
cooperativa donde pudieran juntarse todas. El 1 de
marzo de 1997 hicieron su Asamblea General de Mujeres
Artesanas. Ahí se aprobó la primera Sociedad
Cooperativa Mujeres por la Dignidad y quedó legalizada
su cooperativa. Las socias de esta Sociedad
Cooperativa realizan una asamblea nacional cada año.
La mesa directiva revisa el trabajo de las encargadas.
Si una compañera lo hace bien, la reeligen varios años
más. Son ellas mismas quienes deciden cómo van a
trabajar. Algunas veces, bajo un árbol. Otras veces,
en su casa. Nos dice una compañera que sufren mucho
con sus hijos "por no tener un lugar especial para
trabajar", pero eso no las detiene. Hay dos compañeras
representantes en cada comunidad. Reciben la paga.
Dejan veinte por ciento en la tienda y ya no dependen
de los hombres, "pero mucho menos" dependen "del mal
gobierno".
También tienen sus problemas. Algunas compañeras ya se
salieron y sólo están en colectivos, no en sociedad
pues no sienten mucha obligación. Hay organizaciones
independientes que han causado divisiones porque,
queriendo ayudar, llevan los productos de las
zapatistas a tiendas donde hay gente que recibe
sueldos. La lucha, pues, se torna durísima y muchas no
aguantan. Las que sí aguantan señalan con
satisfacción: "Hemos demostrado que podemos
administrar una Sociedad Cooperativa como mujeres". La
mesa directiva hace los trámites para la exportación
de artesanías. La sociedad tiene vendedoras. A veces
caminan ocho horas solas con sus hijas e hijos, pues
hay que ir a la tienda en el centro del Caracol de
Oventic. Las mujeres se turnan por semana. Hacen posta
día y noche. Entre todas les dan para el pasaje a las
vendedoras. Las apoyan con frijol. No les pagan, pues
como en todas las actividades autónomas zapatistas,
"sólo están cumpliendo su trabajo por conciencia". Ya
tienen clientes y no andan ofreciendo sus artesanías
por las calles de San Cristóbal. Desde hace catorce
años, el de estas mujeres organizadas es, ante todo,
un Oficio de Luz.
EL DESPUÉS: La salud, la educación.
Estas mujeres que se tutean con la muerte no iban a
hablarle de usted a la enfermedad. No iban a tenerle
respeto a la ignorancia. Las cuentas que rinden las
promotoras y formadoras de salud y de educación son
suficientes para avergonzar a cualquier político. La
presentación es impecable; el lenguaje, asombrosamente
claro para quien no está utilizando su lengua materna.
La información que nos dan las zapatistas es
detalladísima, concreta y diáfana. Si fuera arete
sería filigrana.
Las jóvenas bilingües y trilingües que preparan física
y mentalmente a las próximas generaciones son las más
seguras en el micrófono. Todas ellas, junto con sus
compañeros, están logrando erradicar enfermedades que
se habían incrustado en el sureste de México y que,
por siglos, todos los malos gobiernos se negaron a
combatir. A diferencia de hace diez o doce años, ya
casi no vemos niños y niñas panzoncitos de lombrices.
Rosaura nos explica que antes del '94 había muchos
partos prematuros, retención placentaria, cáncer
cérvico uterino que no se detectaba a tiempo. A los
pacientes los sacaban "cargando en camillas de lazo" y
todo para que no los atendieran en los hospitales del
mal gobierno porque eran indios. Esta promotora de
salud dice que las mujeres no podían descansar lo
suficiente después del parto, que eran "muy burladas
por los hombres, humilladas, maltratadas, golpeadas".
Todas "sufríamos muchas violencias domésticas".
Con apoyo de sociedades civiles solidarias empezaron a
capacitarse hasta llegar a tener su Clínica Central de
Francisco Gómez. Ahí se hacen estudios de papanicolau,
se vacuna a niñas y niños, se dan consultas y pláticas
de control natal, se hacen ultrasonidos y colposcopías
y "ya se está construyendo una clínica específica de
atención a la mujer". Para ello se necesitan muchos
materiales. Pero Rosaura, de La Garrucha, nos informa
que sobre todo necesitan a una compañera "médica
ginecóloga voluntaria… para que nos capacite" en
cuestiones de salud reproductiva. Si la compañera
indicada está leyendo estas líneas, ya sabrá lo que
tiene que hacer.
Las promotoras y formadoras de educación se capacitan
cuatro veces al año durante un mes para enseñar a sus
alumnas y alumnos la educación verdadera. Abigail
explica que la escuela es el "espacio donde podemos
compartir el conocimiento" , y que esto se hace "con
mucha paciencia, sin maltrato". Desde 2005, muchas
mujeres zapatistas reciben capacitación como
formadoras para, a su vez, formar a nuevas formadoras.
Tan sólidos son los eslabones que no hay manera de
imaginar cómo podrían romperse esas cadenas de
transmisión de una educación analítica, liberadora,
crítica y acorde "con la realidad regional". Eugenia
se queja de que antes, aunque iban a la escuela, no se
les daba lugar para sentarse, "estábamos totalmente
desapartadas" porque los niños no jugaban con ellas
"ni juntos ni revueltos". Su relato nos habla en
pasado de las torturas de los profesores, tan actuales
para el resto del mundo. Samanta, por su parte, nos
recuerda que "nuestra obligación es seguir adelante
como mujeres para no volver a la humillación, al
desprecio y al olvido".
Dicen todas que aún falta mucho por hacer pero que ya
se tienen clínicas y hospitales de zona, que hay
laboratorios de herbolaria y jardines con plantas
desinfectantes y curativas. En el Caracol de La
Realidad hay laboratorio de análisis clínicos, hay
quirófano y se han programado varias Jornadas
Quirúrgicas.
Por su parte, las promotoras de educación como
Griselda enseñan el cuidado de la biodiversidad y
explican las cuatro áreas de estudio: historia
verdadera, matemáticas, vida y medio ambiente y
lengua. Con humildad nos dicen que sólo han logrado
"parte" de sus sueños, y nos recuerdan que ya viene
uno gigante: "Hoy nuestro sueño sigue y soñamos con
llegar a tener una nuestra universidad autónoma". La
presentan así, como un sueño, "que cada vez lo
sentimos tan cerca…" y nos recuerdan que son mujeres
en lucha: "Aquí, donde estamos nosotras, mandamos
nosotras, no ellos", porque aquí "no manda SEP ni
Calderón", aquí manda el pueblo.
El dolor de las otras.
Para hablar de las mujeres en la Otra Campaña y en la
Zezta Internazional les toca el turno a las
integrantes de la Comisión Sexta que recorrieron
México durante varios meses. Miriam señala que salió a
recopilar historias de dolor. Ella y otras comandantas
recuerdan con nitidez lo que les contaron las otras,
las obreras, las jornaleras agrícolas, las migrantas,
las "amas de casas", las trabajadoras de la maquila,
las de abajo. Dicen que "sabemos que sufren igual que
nosotras". Se les habló de contaminación, drogadicción
y asesinatos. De que se vive sola. De que no se puede
comprar casi nada porque se paga la renta y la luz.
Todo ese dolor nos lo transmiten con detalle. Elisa
nos ofrece la mejor descripción de los dueños de
maquiladoras: "esos vampiros y ratas que quieren
seguir chupando nuestras fuerzas de trabajo", "estos
sanguijuelas" que tienen sus leyes sólo para matarnos
de cansancio a cuentagotas. Amanda, que se opone a las
privatizaciones que tantas le platicaron, llama a las
campesinas a aprender de Ramona que, "sin saber leer,
escribir o hablar el castilla luchó hasta el último
suspiro". Por ella nos pide que no vendamos la tierra
a quienes privatizan todo "para el beneficio de los
zánganos", de los "bichos" y "parásitos" que se
alimentan de nuestro trabajo, "porque la familia
campesina es la forma más importante de sobrevivir".
Cuando nos platican los problemas de injusticia que
les fueron descritos por firmantes de la Sexta en todo
el país, las zapatistas parecen cobrar más y más
fuerza. Como que saben la falta que nos hacen. Elisa
cierra sus intervención exhortándonos a tener "ánimo,
pues, compañeras". Dice que ellas sólo son unas
cuantas comisionadas, pero "si fuera que venimos todas
no vamos a caber en un mundo". Ya lo dijo Miriam: "las
zapatistas no estamos desanimadas ni cansadas".
En el acto político-cultural de alguna noche, las
mujeres zapatistas no sólo se avientan El corrido del
aborto hablando de la despenalizació n como derecho.
También suben al templete mayor a entonar la canción
llamada Las mujeres en la que "exigimos ternura, amor
y devoción" para ejercer nuestro derecho a vivir, a
decidir y "a ser feliz" mientras otra compañera se
lanza con "la bonita poesía" llamada La mujer y nos
hace sentir importantes porque "sin tú, no puede ser
una revolución".
hablarle de usted a la enfermedad. No iban a tenerle
respeto a la ignorancia. Las cuentas que rinden las
promotoras y formadoras de salud y de educación son
suficientes para avergonzar a cualquier político. La
presentación es impecable; el lenguaje, asombrosamente
claro para quien no está utilizando su lengua materna.
La información que nos dan las zapatistas es
detalladísima, concreta y diáfana. Si fuera arete
sería filigrana.
Las jóvenas bilingües y trilingües que preparan física
y mentalmente a las próximas generaciones son las más
seguras en el micrófono. Todas ellas, junto con sus
compañeros, están logrando erradicar enfermedades que
se habían incrustado en el sureste de México y que,
por siglos, todos los malos gobiernos se negaron a
combatir. A diferencia de hace diez o doce años, ya
casi no vemos niños y niñas panzoncitos de lombrices.
Rosaura nos explica que antes del '94 había muchos
partos prematuros, retención placentaria, cáncer
cérvico uterino que no se detectaba a tiempo. A los
pacientes los sacaban "cargando en camillas de lazo" y
todo para que no los atendieran en los hospitales del
mal gobierno porque eran indios. Esta promotora de
salud dice que las mujeres no podían descansar lo
suficiente después del parto, que eran "muy burladas
por los hombres, humilladas, maltratadas, golpeadas".
Todas "sufríamos muchas violencias domésticas".
Con apoyo de sociedades civiles solidarias empezaron a
capacitarse hasta llegar a tener su Clínica Central de
Francisco Gómez. Ahí se hacen estudios de papanicolau,
se vacuna a niñas y niños, se dan consultas y pláticas
de control natal, se hacen ultrasonidos y colposcopías
y "ya se está construyendo una clínica específica de
atención a la mujer". Para ello se necesitan muchos
materiales. Pero Rosaura, de La Garrucha, nos informa
que sobre todo necesitan a una compañera "médica
ginecóloga voluntaria… para que nos capacite" en
cuestiones de salud reproductiva. Si la compañera
indicada está leyendo estas líneas, ya sabrá lo que
tiene que hacer.
Las promotoras y formadoras de educación se capacitan
cuatro veces al año durante un mes para enseñar a sus
alumnas y alumnos la educación verdadera. Abigail
explica que la escuela es el "espacio donde podemos
compartir el conocimiento" , y que esto se hace "con
mucha paciencia, sin maltrato". Desde 2005, muchas
mujeres zapatistas reciben capacitación como
formadoras para, a su vez, formar a nuevas formadoras.
Tan sólidos son los eslabones que no hay manera de
imaginar cómo podrían romperse esas cadenas de
transmisión de una educación analítica, liberadora,
crítica y acorde "con la realidad regional". Eugenia
se queja de que antes, aunque iban a la escuela, no se
les daba lugar para sentarse, "estábamos totalmente
desapartadas" porque los niños no jugaban con ellas
"ni juntos ni revueltos". Su relato nos habla en
pasado de las torturas de los profesores, tan actuales
para el resto del mundo. Samanta, por su parte, nos
recuerda que "nuestra obligación es seguir adelante
como mujeres para no volver a la humillación, al
desprecio y al olvido".
Dicen todas que aún falta mucho por hacer pero que ya
se tienen clínicas y hospitales de zona, que hay
laboratorios de herbolaria y jardines con plantas
desinfectantes y curativas. En el Caracol de La
Realidad hay laboratorio de análisis clínicos, hay
quirófano y se han programado varias Jornadas
Quirúrgicas.
Por su parte, las promotoras de educación como
Griselda enseñan el cuidado de la biodiversidad y
explican las cuatro áreas de estudio: historia
verdadera, matemáticas, vida y medio ambiente y
lengua. Con humildad nos dicen que sólo han logrado
"parte" de sus sueños, y nos recuerdan que ya viene
uno gigante: "Hoy nuestro sueño sigue y soñamos con
llegar a tener una nuestra universidad autónoma". La
presentan así, como un sueño, "que cada vez lo
sentimos tan cerca…" y nos recuerdan que son mujeres
en lucha: "Aquí, donde estamos nosotras, mandamos
nosotras, no ellos", porque aquí "no manda SEP ni
Calderón", aquí manda el pueblo.
El dolor de las otras.
Para hablar de las mujeres en la Otra Campaña y en la
Zezta Internazional les toca el turno a las
integrantes de la Comisión Sexta que recorrieron
México durante varios meses. Miriam señala que salió a
recopilar historias de dolor. Ella y otras comandantas
recuerdan con nitidez lo que les contaron las otras,
las obreras, las jornaleras agrícolas, las migrantas,
las "amas de casas", las trabajadoras de la maquila,
las de abajo. Dicen que "sabemos que sufren igual que
nosotras". Se les habló de contaminación, drogadicción
y asesinatos. De que se vive sola. De que no se puede
comprar casi nada porque se paga la renta y la luz.
Todo ese dolor nos lo transmiten con detalle. Elisa
nos ofrece la mejor descripción de los dueños de
maquiladoras: "esos vampiros y ratas que quieren
seguir chupando nuestras fuerzas de trabajo", "estos
sanguijuelas" que tienen sus leyes sólo para matarnos
de cansancio a cuentagotas. Amanda, que se opone a las
privatizaciones que tantas le platicaron, llama a las
campesinas a aprender de Ramona que, "sin saber leer,
escribir o hablar el castilla luchó hasta el último
suspiro". Por ella nos pide que no vendamos la tierra
a quienes privatizan todo "para el beneficio de los
zánganos", de los "bichos" y "parásitos" que se
alimentan de nuestro trabajo, "porque la familia
campesina es la forma más importante de sobrevivir".
Cuando nos platican los problemas de injusticia que
les fueron descritos por firmantes de la Sexta en todo
el país, las zapatistas parecen cobrar más y más
fuerza. Como que saben la falta que nos hacen. Elisa
cierra sus intervención exhortándonos a tener "ánimo,
pues, compañeras". Dice que ellas sólo son unas
cuantas comisionadas, pero "si fuera que venimos todas
no vamos a caber en un mundo". Ya lo dijo Miriam: "las
zapatistas no estamos desanimadas ni cansadas".
En el acto político-cultural de alguna noche, las
mujeres zapatistas no sólo se avientan El corrido del
aborto hablando de la despenalizació n como derecho.
También suben al templete mayor a entonar la canción
llamada Las mujeres en la que "exigimos ternura, amor
y devoción" para ejercer nuestro derecho a vivir, a
decidir y "a ser feliz" mientras otra compañera se
lanza con "la bonita poesía" llamada La mujer y nos
hace sentir importantes porque "sin tú, no puede ser
una revolución".
Las familias zapatistas.
Si hubiera habido un premio de oratoria se lo habrían
llevado las compañeritas niñas María Linda y Marina.
Ninguna de las dos llevaba ponencia. Nos hablaron en
crudo. María Linda dijo que estaba ahí "para entregar
en sus conocimientos claramente" su "forma de vivir",
para decirnos que sus padres la orientan, que le han
dado lo que ellos no tuvieron: el derecho a estudiar,
"el derecho de salir a pasear". También nos advirtió:
"Estos derechos que yo tengo serán mis mejores armas
que tengo para defender mi vida".
La compañerita niña Marina cumplió ocho años hace dos
días y fue igual de contundente. Ya sabe que tiene
derecho de hacer lo que a ella le gusta: bailar,
divertirse. Dice que "nosotras, las zapatistas, no
estamos agarrando las limosnas" del mal gobierno y que
se siente "muy orgullosa de ser zapatista". Nos
recuerda que "no hay por qué desanimarnos" y concluye:
"es todas mis palabras, mi querido público". Por otro
lado, la compañerita niña María, de la zona Zotz Choj,
insiste en recordarnos nuestro "derecho a
divertirnos" , uno de los más reivindicados en este
encuentro, y nos informa que "no vamos a pedirle
permiso a nadie cuando queremos llevar en práctica"
nuestros derechos.
¿Qué educación han recibido esas niñas para que, a
diferencia de sus abuelas y sus madres, hayan
transformado en puritito gusto lo que antes era
vergüenza de hablar? Gran parte de la culpa la tienen
sus madres y sus padres por estar educando en libertad
a estas niñas y niños que, libres como nunca lo fueron
sus abuelas ni sus abuelos, "van donde que le pega su
destino y la suerte". Elizabeth, una de las cuatro
mamás zapatistas que vienen de la zona Selva
Fronteriza, nos cuenta que aunque con mucho
sufrimiento "pero sí pudimos cruzar cargando nuestros
alimentos y nuestros corazones. También nuestros
pensamientos" , todo "para no perder la historia
verdadera". Las mamás zapatistas se encargan de formar
a sus hijas y a sus hijos de tal manera que respeten a
sus mayores, conozcan la historia de la lucha, sepan
por qué se hacen las fiestas, entiendan lo que es la
resistencia.
Aquí nos dicen lo que es la paternidad y la maternidad
voluntarias. Pensábamos que era tener la cantidad de
hijos que se desean, pero estas mujeres nos enseñan
que no sólo es cantidad sino calidad porque a las
niñas y los niños hay que "cortarle su uña, bañarle
bien", darle una alimentación balanceada y nutritiva,
enseñarlo que es su derecho descansar y divertirse
pero que es su obligación liberar a su pueblo. Para
Vanesa, "ha llegado su momento de levantarnos y alzar
la voz" como mujeres porque "así como dormimos con
nuestros hombres", así luchamos. La mamá zapatista
Esmeralda advierte que ya nadie podrá callarlas, que
van a seguir hablando "en todas partes del mundo" para
hacerlo un lugar "donde quepamos todas con un pan en
la mano".
Brenda, del Municipio Autónomo El Trabajo, tiene
planes para las mujeres de la Otra Campaña: "no
queremos que nadie quede sin luchar por nuestros
derechos".
************
Cuando terminan las plenarias con los informes de
avances de los cinco caracoles, las mujeres zapatistas
abren un espacio para que hablen las de fuera. Pero
antes, cinco comandantas dan lectura a cinco cartas
que fueron escritas por mujeres en México y otros
países. La compañera Everilda, suplenta al CCRI por La
Realidad, da lectura a las palabras de Mariana Selvas
y Edith Rosales, presas políticas. La comandanta
Elizabeth viene de Oventic y lee una carta de las
presas del Amate, en Cintalapa Chiapas. La comandanta
Rosalinda, de La Garrucha, lee el saludo de Gloria
Arenas Agis, presa en Chiconautla. La comandanta
Esmeralda, del Caracol de Morelia, lee un texto
escrito por presas en Valladolid, Estado Español,
mientras la comandanta Concepción, de Roberto Barrios,
nos lee un mensaje de las hermanas Sáinz desde
Turquía.
Luego se abre el micrófono a la sociedad civil
nacional e internacional. Unas hablan. Otras no. Pero
todas escuchan. Aquí también hay mujeres grandes que
vienen de fuera. Está Martha de Chihuahua que lleva
décadas luchando por los desaparecidos y las
desaparecidas y que no acepta ningún tipo de comodidad
ni privilegio cuando viaja. Está también Trini de
Atenco, mujer que tiene a su familia presa y
perseguida y que usa con tanta enjundia el micrófono
que hasta truena dos bocinas. Está Meche de Tláhuac,
que no sólo pone a decenas de personas a bordar su
manta de la Ley Revolucionaria sino que también sube a
Cerro de Huitepec con ocho clavos en el tobillo porque
los compas están amenazados de desalojo. Esas y muchas
otras mujeres vinieron a escuchar a quienes han optado
por seguir los pasos de Ramona, como la joven soltera
Adriana, quien hizo un llamado "a todas las solteras
del pueblo de México y del mundo" para demostrar cómo
pueden luchar "las solteras". O la capitana Hortensia,
que nos ofreció un intercambio para no desanimarnos en
la lucha. Dijo que si no tenemos trabajo les mandemos
la herramienta a las compañeras y ellas nos enviarán
maíz y productos del campo, que ellas trabajarán por
nosotras.
Las zapatistas aseguran que si el gobierno piensa que
el EZLN ya no existe, está equivocadísimo. Aquí todas
nos llaman a organizarnos y a luchar unidas por
nuestros derechos y por la liberación de nuestras
familias y nuestros pueblos como un homenaje a las
mujeres que nos han abierto camino, pues nos dice la
comandanta Sandra que "ellas están muertas pero no
muertas. Ellas están aquí". Y debe ser cierto porque
nos vamos bien cargaditas de fuerza. Pregunten a quién
no le dolieron las manos de tanto aplaudir en la
clausura, de tanto acompañar el himno zapatista con
música de nuestras palmas.
Mientras el Caracol se va vaciando de miles de
personas que lo visitaron, quedan colgados los
carteles donde hay una frase que dice que después del
1 de enero de 2008 todo "vuelve a lo normal". Pero eso
no puede ser cierto porque, después de este encuentro
de mujeres zapatistas con mujeres del mundo, aquí y en
muchas partes ya nada volverá "a lo normal".
6 de enero de 2008,
Segundo aniversario del fallecimiento de la Comandanta Ramona.
llevado las compañeritas niñas María Linda y Marina.
Ninguna de las dos llevaba ponencia. Nos hablaron en
crudo. María Linda dijo que estaba ahí "para entregar
en sus conocimientos claramente" su "forma de vivir",
para decirnos que sus padres la orientan, que le han
dado lo que ellos no tuvieron: el derecho a estudiar,
"el derecho de salir a pasear". También nos advirtió:
"Estos derechos que yo tengo serán mis mejores armas
que tengo para defender mi vida".
La compañerita niña Marina cumplió ocho años hace dos
días y fue igual de contundente. Ya sabe que tiene
derecho de hacer lo que a ella le gusta: bailar,
divertirse. Dice que "nosotras, las zapatistas, no
estamos agarrando las limosnas" del mal gobierno y que
se siente "muy orgullosa de ser zapatista". Nos
recuerda que "no hay por qué desanimarnos" y concluye:
"es todas mis palabras, mi querido público". Por otro
lado, la compañerita niña María, de la zona Zotz Choj,
insiste en recordarnos nuestro "derecho a
divertirnos" , uno de los más reivindicados en este
encuentro, y nos informa que "no vamos a pedirle
permiso a nadie cuando queremos llevar en práctica"
nuestros derechos.
¿Qué educación han recibido esas niñas para que, a
diferencia de sus abuelas y sus madres, hayan
transformado en puritito gusto lo que antes era
vergüenza de hablar? Gran parte de la culpa la tienen
sus madres y sus padres por estar educando en libertad
a estas niñas y niños que, libres como nunca lo fueron
sus abuelas ni sus abuelos, "van donde que le pega su
destino y la suerte". Elizabeth, una de las cuatro
mamás zapatistas que vienen de la zona Selva
Fronteriza, nos cuenta que aunque con mucho
sufrimiento "pero sí pudimos cruzar cargando nuestros
alimentos y nuestros corazones. También nuestros
pensamientos" , todo "para no perder la historia
verdadera". Las mamás zapatistas se encargan de formar
a sus hijas y a sus hijos de tal manera que respeten a
sus mayores, conozcan la historia de la lucha, sepan
por qué se hacen las fiestas, entiendan lo que es la
resistencia.
Aquí nos dicen lo que es la paternidad y la maternidad
voluntarias. Pensábamos que era tener la cantidad de
hijos que se desean, pero estas mujeres nos enseñan
que no sólo es cantidad sino calidad porque a las
niñas y los niños hay que "cortarle su uña, bañarle
bien", darle una alimentación balanceada y nutritiva,
enseñarlo que es su derecho descansar y divertirse
pero que es su obligación liberar a su pueblo. Para
Vanesa, "ha llegado su momento de levantarnos y alzar
la voz" como mujeres porque "así como dormimos con
nuestros hombres", así luchamos. La mamá zapatista
Esmeralda advierte que ya nadie podrá callarlas, que
van a seguir hablando "en todas partes del mundo" para
hacerlo un lugar "donde quepamos todas con un pan en
la mano".
Brenda, del Municipio Autónomo El Trabajo, tiene
planes para las mujeres de la Otra Campaña: "no
queremos que nadie quede sin luchar por nuestros
derechos".
************
Cuando terminan las plenarias con los informes de
avances de los cinco caracoles, las mujeres zapatistas
abren un espacio para que hablen las de fuera. Pero
antes, cinco comandantas dan lectura a cinco cartas
que fueron escritas por mujeres en México y otros
países. La compañera Everilda, suplenta al CCRI por La
Realidad, da lectura a las palabras de Mariana Selvas
y Edith Rosales, presas políticas. La comandanta
Elizabeth viene de Oventic y lee una carta de las
presas del Amate, en Cintalapa Chiapas. La comandanta
Rosalinda, de La Garrucha, lee el saludo de Gloria
Arenas Agis, presa en Chiconautla. La comandanta
Esmeralda, del Caracol de Morelia, lee un texto
escrito por presas en Valladolid, Estado Español,
mientras la comandanta Concepción, de Roberto Barrios,
nos lee un mensaje de las hermanas Sáinz desde
Turquía.
Luego se abre el micrófono a la sociedad civil
nacional e internacional. Unas hablan. Otras no. Pero
todas escuchan. Aquí también hay mujeres grandes que
vienen de fuera. Está Martha de Chihuahua que lleva
décadas luchando por los desaparecidos y las
desaparecidas y que no acepta ningún tipo de comodidad
ni privilegio cuando viaja. Está también Trini de
Atenco, mujer que tiene a su familia presa y
perseguida y que usa con tanta enjundia el micrófono
que hasta truena dos bocinas. Está Meche de Tláhuac,
que no sólo pone a decenas de personas a bordar su
manta de la Ley Revolucionaria sino que también sube a
Cerro de Huitepec con ocho clavos en el tobillo porque
los compas están amenazados de desalojo. Esas y muchas
otras mujeres vinieron a escuchar a quienes han optado
por seguir los pasos de Ramona, como la joven soltera
Adriana, quien hizo un llamado "a todas las solteras
del pueblo de México y del mundo" para demostrar cómo
pueden luchar "las solteras". O la capitana Hortensia,
que nos ofreció un intercambio para no desanimarnos en
la lucha. Dijo que si no tenemos trabajo les mandemos
la herramienta a las compañeras y ellas nos enviarán
maíz y productos del campo, que ellas trabajarán por
nosotras.
Las zapatistas aseguran que si el gobierno piensa que
el EZLN ya no existe, está equivocadísimo. Aquí todas
nos llaman a organizarnos y a luchar unidas por
nuestros derechos y por la liberación de nuestras
familias y nuestros pueblos como un homenaje a las
mujeres que nos han abierto camino, pues nos dice la
comandanta Sandra que "ellas están muertas pero no
muertas. Ellas están aquí". Y debe ser cierto porque
nos vamos bien cargaditas de fuerza. Pregunten a quién
no le dolieron las manos de tanto aplaudir en la
clausura, de tanto acompañar el himno zapatista con
música de nuestras palmas.
Mientras el Caracol se va vaciando de miles de
personas que lo visitaron, quedan colgados los
carteles donde hay una frase que dice que después del
1 de enero de 2008 todo "vuelve a lo normal". Pero eso
no puede ser cierto porque, después de este encuentro
de mujeres zapatistas con mujeres del mundo, aquí y en
muchas partes ya nada volverá "a lo normal".
6 de enero de 2008,
Segundo aniversario del fallecimiento de la Comandanta Ramona.
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