MUJER: LA CREACIÓN LITERARIA
Si no eres capaz de amarlas no eres capaz de amarte a ti mismo ni des ser amado.
Del telúrico corazón de la preñada montaña baja la incansable hembra con su cántaro vacío para regresar al rato llena de luz y rocío. En la alforja campesina lleva las flores del día, un pequeño haz cedrino y las semillas de vida.
Con los primeros luceros se levanta el compañero, machete bien afilado, su tecomate y su alforja para regresar bien tarde con su salario ganado, que si no fuera por ellos nunca fuera asalariado y viviría como antes para todos la fortuna repartiéndose los frutos entre fraternal comuna.
Así la madre en el pueblo se levanta a buenas cinco y comienza con ahínco el trajinar de la vida: viste niños, alimenta, limpia casa, lava ropa, va al trabajo para volver en la tarde como una piltrafa rota.
Es tu madre, es mi madre, creadora universal, la que por amor se entrega para continuar la vida infinita, eternal.
Paul Fortis





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