SUSTANCIA y PRACTICA REVOLUCIONARIA
No mentir jamás ni violar los principios éticos (Fidel)
Con esa frase bíblica el "Malecón Verde Olivo" Comandante Fidel Castro sintetiza lo que debe ser un revolucionario. Los pueblos están cansados y hartos de las costaladas de seudos líderes, de esa sucia escoria de falsarios que han usado la creencia y devoción de nuestros pueblos para llenar sus arcas con el sufrimiento de nuestra gente y todavía tienen el pudor de querer ser reconocidos como revolucionarios. La historia no se equivoca por el mismo hecho de ser historia y los que ayer mintieron, sus mentiras salen saltando como frígidos esqueletos escapados de los ignominiosos roperos de la falacia.
Latinoamérica vive uno de los momentos más grandiosos de su historia. Quinientos quince años de pillaje salvaje han sido hasta mucho para que los pueblos originales despierten de ese sueño forzado y de la pesadilla constante que trajeron los gachupines en nombre de Dios, de la Cruz y la Corona, las horribles masacres, de ese holocausto ignorado voluntariamente por el imperialismo, se convierte ahora en el despertar del pueblo latinoamericano.
Las enseñanzas de la Revolución Cubana, Bolivariana, Sandinista y Farabundista nos tienen que enseñar que no debemos ser mendigos, sino benefactores de dichos procesos. Muchos, como lo he señalado en otros artículos, están haciendo de la revolución, la robolución (robar en nombre de la revolución) y aprovechan cada momento y oportunidad que se les presenta para llenar sus alforjas individuales, olvidándose que la revolución se hace para la colectividad y no para oportunistas que creen seguir manteniendo los vicios tradicionales del espejismo nepotista de los explotadores oligocráticos.
En términos de compartir el saber, tenemos que comprender que únicamente la alfabetización ideológica, el enseñar a nuestro pueblo el juicio critico, el razonamiento lógico para entender la realidad objetiva por lo que es y no lo que aparenta ser, es lo que sienta las bases de un verdadero proceso revolucionario.
En El Salvador donde nos alistamos para sacar por siempre a los criminales arenarcos ponemos a diario en práctica la Alfabetización ideológica por medio de las tribunas populares, el principio de territoriedad fundando Comités de Base hasta en el último rincón patrio por medio de los cuales no le disputamos el terreno al enemigo, sino que se lo arrebatamos y vamos liberando pulgada por pulgada el territorio nacional de ese peste hedionda que se llama oligocracia narcotraficante representada en el desgobierno por arena.
Para aquellos@ que un día pateamos la academia es hora de abandonar la confortabilidad de la cátedra ególatra e ir al rancho húmedo, a la choza campesina, a las favelas o casas de lámina y cartón y puerilizarnos, usando el lenguaje campirano, hablándole al pueblo en su propio lenguaje, enseñando y aprendiendo de la experiencia comunal, uniéndonos en la practica revolucionaria a las luchas liberadoras de nuestro pueblo. No preguntar que es lo que la revolución me va a dar, sino que voy a dar al proceso, siendo parcos y compartimentados, enseñando como Martin Fierro (José Hernández): Un hombre que da consejos, más que hombre es un amigo, escucha con atención, lo que ahora te digo, nadie sabe en que rincón se encuentra el que es su enemigo.
La revolución demanda claridad, transparencia, honestidad, fraternidad y más que todo amor a la causa por la liberación de los pueblos. El tiempo de la autodestrucción entre nosotros mismo ha quedado atrás, el tiempo del chambre y la zancadilla, de la destrucción de nuestra propia gente, el robo, marca nada más la presencia de los viejos vicios del capitalismo.
Hagamos Revolución, no Robolución.
Paul Fortis
No mentir jamás ni violar los principios éticos (Fidel)
Con esa frase bíblica el "Malecón Verde Olivo" Comandante Fidel Castro sintetiza lo que debe ser un revolucionario. Los pueblos están cansados y hartos de las costaladas de seudos líderes, de esa sucia escoria de falsarios que han usado la creencia y devoción de nuestros pueblos para llenar sus arcas con el sufrimiento de nuestra gente y todavía tienen el pudor de querer ser reconocidos como revolucionarios. La historia no se equivoca por el mismo hecho de ser historia y los que ayer mintieron, sus mentiras salen saltando como frígidos esqueletos escapados de los ignominiosos roperos de la falacia.
Latinoamérica vive uno de los momentos más grandiosos de su historia. Quinientos quince años de pillaje salvaje han sido hasta mucho para que los pueblos originales despierten de ese sueño forzado y de la pesadilla constante que trajeron los gachupines en nombre de Dios, de la Cruz y la Corona, las horribles masacres, de ese holocausto ignorado voluntariamente por el imperialismo, se convierte ahora en el despertar del pueblo latinoamericano.
Las enseñanzas de la Revolución Cubana, Bolivariana, Sandinista y Farabundista nos tienen que enseñar que no debemos ser mendigos, sino benefactores de dichos procesos. Muchos, como lo he señalado en otros artículos, están haciendo de la revolución, la robolución (robar en nombre de la revolución) y aprovechan cada momento y oportunidad que se les presenta para llenar sus alforjas individuales, olvidándose que la revolución se hace para la colectividad y no para oportunistas que creen seguir manteniendo los vicios tradicionales del espejismo nepotista de los explotadores oligocráticos.
En términos de compartir el saber, tenemos que comprender que únicamente la alfabetización ideológica, el enseñar a nuestro pueblo el juicio critico, el razonamiento lógico para entender la realidad objetiva por lo que es y no lo que aparenta ser, es lo que sienta las bases de un verdadero proceso revolucionario.
En El Salvador donde nos alistamos para sacar por siempre a los criminales arenarcos ponemos a diario en práctica la Alfabetización ideológica por medio de las tribunas populares, el principio de territoriedad fundando Comités de Base hasta en el último rincón patrio por medio de los cuales no le disputamos el terreno al enemigo, sino que se lo arrebatamos y vamos liberando pulgada por pulgada el territorio nacional de ese peste hedionda que se llama oligocracia narcotraficante representada en el desgobierno por arena.
Para aquellos@ que un día pateamos la academia es hora de abandonar la confortabilidad de la cátedra ególatra e ir al rancho húmedo, a la choza campesina, a las favelas o casas de lámina y cartón y puerilizarnos, usando el lenguaje campirano, hablándole al pueblo en su propio lenguaje, enseñando y aprendiendo de la experiencia comunal, uniéndonos en la practica revolucionaria a las luchas liberadoras de nuestro pueblo. No preguntar que es lo que la revolución me va a dar, sino que voy a dar al proceso, siendo parcos y compartimentados, enseñando como Martin Fierro (José Hernández): Un hombre que da consejos, más que hombre es un amigo, escucha con atención, lo que ahora te digo, nadie sabe en que rincón se encuentra el que es su enemigo.
La revolución demanda claridad, transparencia, honestidad, fraternidad y más que todo amor a la causa por la liberación de los pueblos. El tiempo de la autodestrucción entre nosotros mismo ha quedado atrás, el tiempo del chambre y la zancadilla, de la destrucción de nuestra propia gente, el robo, marca nada más la presencia de los viejos vicios del capitalismo.
Hagamos Revolución, no Robolución.
Paul Fortis





No hay comentarios.:
Publicar un comentario