En la vida guerrillera ocurren, muy a menudo, cosas inesperadas que
nos sacan de la programación. Aún tengo vivo el recuerdo de cuando me transmitieron la orientación para realizar una tarea muy importante: acompañar al Comandante Manuel Pérez en un viaje que él debía emprender. Lo que pensé sería un descanso de la rutina del campamento se convirtió en uno de los momentos que más marcó mi vida.
nos sacan de la programación. Aún tengo vivo el recuerdo de cuando me transmitieron la orientación para realizar una tarea muy importante: acompañar al Comandante Manuel Pérez en un viaje que él debía emprender. Lo que pensé sería un descanso de la rutina del campamento se convirtió en uno de los momentos que más marcó mi vida. El sol brillaba con furia y el calor se hacía insoportable, aquella tarde me encontraba descansando y me dedicaba a tallar un tronco de madera para enviárselo a mi compañera en Medellín, a la que no veía desde hacia mucho tiempo. En la vida guerrillera ocurren, muy a menudo, cosas inesperadas que nos sacan de la programación. Aún tengo vivo el recuerdo de cuando me transmitieron la orientación para realizar una tarea muy importante: acompañar al Comandante Manuel Pérez en un viaje que él debía emprender. Lo que pensé sería un descanso de la rutina del campamento se convirtió en uno de los momentos que más marcó mi vida.
Fueron 36 horas caminando con Manuel, donde aprendí mucho de él y de su visión de la lucha revolucionaria. Dentro de todo este universo de experiencias y fraternidad, y a sabiendas que el tiempo puede cambiar la imagen exacta del pasado, pero, no la esencia de la vida, quiero recordar estos aspectos importantes que aprendí del Comandante.
Manuel tenía una mirada cálida que inspiraba confianza. Se preocupaba mucho por el bienestar de todos los compañeros sin importar el rango. Al poco tiempo de estar caminando me preguntó por mi compañera y por mi pequeño hijo. A mí me sorprendió gratamente que él recordara el nombre de mi hijo, entonces le respondí que hacía seis meses que no los veía y que esa era una de las cosas más difíciles de la vida en la guerrilla, no estar cerca de los seres queridos, además, por aquella época había tenido una experiencia que había hecho entrar en crisis mi esperanza sobre la lucha revolucionaria. Él, sin reprobar mi debilidad me contestó:
La tarde nos alcanzó sin darnos cuenta y, sin darme cuenta, nos perdimos del camino –algo bochornoso para mí que era el guía y que finalmente terminé siendo guiado por Manuel–, entonces él me dijo, "vea José, en la noche todos los caminos del monte son iguales, mejor acampamos aquí y mañana seguimos". Yo acepté avergonzado y convenimos que él haría la primera guardia. Mientras comíamos, el "viejo" me habló de nuestra relación con el pueblo:
Nuestra convicción revolucionaria, nuestra línea política y nuestras raíces; se hunden en nuestro pueblo. No podemos pretender una verdadera revolución sin tener absolutamente eso claro: siempre estaremos con nuestro pueblo, un eleno siempre debe estar dispuestos a dar la vida por la defensa inclaudicable de los intereses de los pobres, de los excluidos por la oligarquía, por defender el patrimonio de la patria. Tenemos una fuente en donde beber, los ejemplos de José Solano Sepúlveda, Camilo Torres y otros sacerdotes, los hermanos Vásquez Castaño, José Manuel Martínez Quiroz, en fin muchos ejemplos. El del Comandante Ernesto Ché Guevara, siempre será un referente en los procesos revolucionarios.
A la mañana siguiente me desperté y Manuel estaba viendo unas plantas –él disfrutaba mucho de la naturaleza y se fascinaba con el conocimiento aprendido por generaciones de los campesinos sobre plantas y el uso medicinal que ellos le daban–, lo saludé y le reclamé que no me llamara a cumplir mi guardia, él sonrió y no le dio importancia al asunto. Después me di cuenta que Manuel siempre se comportaba así, era el primero en hacer posta (guardia), el primero en levantarse y el último en descansar. Siempre nos decía: Ser eleno significa ser consecuente con la idea de "ser uno de los mejores de nuestro pueblo". Elenos: primeros en el combate, primeros en el trabajo, primeros en el estudio.
Corrían los 80´s y la idea de una verdadera Unidad Revolucionaria estaba en la cabeza de todos, Manuel era un ferviente defensor de la Coordinadora Guerrillera y, a pesar de los problemas, pensaba que era obligación nuestra el compromiso con la unidad.
En Colombia, más que en otros países de este continente, la construcción de la vanguardia revolucionaria pasa por la unidad de las organizaciones insurgentes. La oligarquía siempre ha encontrado una de las formas fundamentales para sostenerse en el poder a jugar a la división, la fragmentación de la sociedad. La unidad revolucionaria, se constituye en un fundamento estratégico para la revolución colombiana. El camino de la unidad revolucionaria, es tortuoso y lleno de obstáculos, la oligarquía lo ha llenado de trampas políticas e ideológicas. Los elenos tenemos que comprometernos con este propósito. Tamaño reto, pero sin unidad la revolución, puede que sea posible, pero muchísimo más difícil.
Su eterna sonrisa
El Comandante a pesar de los malestares que le causaba su úlcera, irradiaba alegría, optimismo y fraternidad. Cuando llegamos a una casa de apoyo lo primero que hizo fue salir aprisa a saludar a los niños; se metió en la cocina a ayudar a las compañeras en su oficio, a preguntarles cómo estaban, les hablaba de la revolución, de la importancia de luchar por un mundo mejor para todos. Luego me dijo: estar en el corazón del pueblo es fundamental, a los niños y a las compañeras les debemos explicar el por qué de la lucha y la importancia de la organización del pueblo.
En los momentos que estábamos cansados, o que él veía que yo estaba cansado, me mandaba a parar. Tres días antes de salir como guía de Manuel, era un muchacho pretencioso, ahora comprendo que en aquel viaje de 36 horas el verdadero guía fue él, porque después de eso no volví a ser el mismo.
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