Pensamiento Crítico y Solvencia Moral
No basta con decir: escribo lo que siento y siento lo que escribo, hay que adherir: vivo lo que escribo y escribo lo que vivo, de ahí que todo escrito sobre pensamiento crítico tendrá que tener como basamento la solvencia moral del escritor.
Ente los términos: revolucionario y político hay diferencias abismales. Un revolucionario verdadero hace su trabajo en las peores de las circunstancias históricas en que su actividad se desarrolla, el político busca las mejores circunstancias, el medio petálico para tratar de sacar ganancias económicas de su actividad y cuando se aleja del bienestar personal por el bienestar comunal deja de ser político común para convertirse en un político revolucionario que es al mismo tiempo diferente a un revolucionario político.
Pocos han sido los hombres y mujeres que la modernidad pueda bautizar como revolucionarios políticos, valga mencionar a Fidel, Che, Lenin, Rosa Luxemburgo; sin dejar de tomar en cuenta a otro conglomerado que también lo fueron, la diferencia estriba en que los primeros fueron astros con luz propia y los restantes, estrellas reproductoras de rayos originales emanados por la teluria de los primeros.
El ser humano como ente social puede tener la conducta que mejor le parezca con el único limitante que el que la ley determine. El líder revolucionario está en la obligación de tener solvencia moral que no de lugar a críticas enemigas ni mucho menos de sus liderados. Para un verdadero revolucionario el hecho ético-moral no es ningún problema ya que es capaz de ser rígido con sus propios instintos y conductas adquiridas y es puro, sincero y honesto en su autocrítica, el problema es grave para los seudo revolucionarios y aún más grave para los políticos que tratan de aparentar como revolucionarios y aún extra grave si en nombre del partido revolucionario del pueblo llegan a ocupar por maniobrerismo nepotista puestos diligénciales. El traje les queda demasiado grande y más parecen grotescos esperpentos fuera de tiempo y de espacio, frutos que no necesitan madurar para podrirse, muerteros cuya carga de cadáveres ocultos en los roperos de la ignominia y la sinvergüenzada salen saltando en el momento menos esperado. Para el verdadero revolucionario la preocupación deja de ser intestinal (biológica) para pasar a ser cerebral (filosófica), éstos@ no se preocupan mucho por comer, menos por aparentar, sino al contrario, por pensar, por convertirse en la esencia del ser, en el significado del significado; es decir., la eternidad. Las masas, desdichadamente, no caben en este estadio, son simplemente acólitos de la moral y la honestidad, los enemigos del pueblo, mucho menos, son simplemente, amorales, lo cual es indicativo de no poseer condición humana.
Paul Fortis





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